sábado, 21 de septiembre de 2019

Poder arbitrario versus ciudadanía que se impone sus propias normas



Luis Fernando Gómez Gutiérrez

Septiembre 21 de 2019

Los sectores que se oponen a las acciones políticas para prevenir y controlar las enfermedades crónicas no transmisibles, con frecuencia soportan sus argumentos en dos rasgos propios del pensamiento liberal: a) la defensa a ultranza de las libertades negativas, entendidas como la ausencia de coerción por parte de la sociedad para impedir la acción de un individuo, y b) su tendencia a oponerse a visiones de bien de carácter colectivo (Gaus et al, 2018). En el área de la prevención y control de enfermedades crónicas no transmisibles, esta perspectiva se expresa en la oposición vehemente de la industria y de sus aliados, a cualquier medida que incremente los impuestos, restrinja la publicidad y promoción de productos nocivos para la salud, como el alcohol, tabaco y las bebidas y comestibles ultra-procesados. Estas acciones, que son las más efectivas en el área, son consideradas por estos actores como un atentado a las libertades individuales.

Cuando me refiero a los opositores a estas medidas incluyo, no solamente, a las industrias que elaboran estos productos sino, además, a funcionarios públicos de alto rango que comparten esta visión minimalista del papel del Estado, propia del liberalismo libertario (Lamont et al, 2017; Nozick, 1974).   

El pensamiento liberal acierta cuando se opone a la imposición de una visión de bien. En salud pública, podemos tener la tentación de recomendar e implementar acciones políticas, sin tener en cuenta la legitimidad social de las mismas. Bajo esta perspectiva, solo sería suficiente contar con la evidencia científica acerca de la eficacia y efectividad de las medidas propuestas[i]. Esta mirada prescriptiva de la salud pública es éticamente insostenible debido, entre otros aspectos, a que desconoce el derecho que tiene una comunidad política a formular sus propias leyes y políticas.

En una trampa similar caen los funcionarios públicos y los sectores de la industria que reducen el problema de las enfermedades crónicas no transmisibles, a decisiones individuales inadecuadas. Para ellos, el Estado es un Leviatán o un mal necesario, cuyas funciones se deben circunscribir a garantizar seguridad, proteger la propiedad y velar por la seguridad jurídica de los contratos entre agentes privados (Lamont et al, 2017; Nozick, 1974). Los que defienden esta perspectiva minimalista de Estado, tienden a eludir la relevancia de la libertad de expresión, que es quizá el valor más importante del pensamiento liberal; sin este, los movimientos sociales que abogaban por la prevención del consumo del tabaco, no hubieran podido generar el poder comunicativo para impulsar diversas acciones políticas dirigidas a regular esta industria (Sebrié et al, 2012).

Es necesario distinguir entonces, entre la coerción emanada de un poder arbitrario y la regulación propuesta por una comunidad política que se impone su propia ley a partir de un acuerdo razonado. La ciudadanía legitima y obliga, al reconocer el derecho que tiene cada persona a decidir con otros las normas que van a regir la vida comunitaria (Meyer & Hinchman, 2007). Bajo este abordaje propuesto por la democracia deliberativa, el temor de los liberales libertarios acerca de la intromisión indebida del Estado en asuntos relacionados con la salud humana está zanjada y no tiene pertinencia.

Referencias

Gaus, G., Courtland, S., Schmidtz, David. (2018). Liberalism. En: The Stanford Encyclopedia of Philosophy. Disponible en: https://plato.stanford.edu/archives/spr2018/entries/liberalism/

Lamont, J., Favor, C. (2017). Distributive Justice. En The Stanford Encyclopedia of Philosophy. Disponible en: https://plato.stanford.edu/archives/win2017/entries/justice-distributive/

Meyer, T., Hinchman L. (2007) The theory of social democracy. Cambridge: Polity Press.

Nozick, R. (1974) Anarchy, state and utopia. New York: Basic Books.

Sebrie, E. M., Schoj, V. Travers, M. J., McGaw, B. y Glantz, S. A. (2012). Smokefree
policies in Latin America and the Caribbean: Making progress. International Journal of Environmental Research and Public Health, 9(5), 1954-1970.




[i] La ciencia ha sido fundamental para la salud pública, pero no debe ser el único criterio para llevar a cabo acciones políticas en el área. El cientificismo es antidemocrático, debido a que desconoce la relevancia del conocimiento no científico y de las consideraciones éticas y morales acerca de cómo las personas desean vivir sus vidas.


viernes, 13 de septiembre de 2019

¿Libertad de expresión o una estrategia de Philip Morris para bloquear regulaciones que restrinjan el uso del cigarrillo electrónico?


Luis Fernando Gómez Gutiérrez

13 de septiembre de 2019

El pasado 12 de septiembre la Universidad de los Andes llevó a cabo un seminario titulado “Reducción del daño en tabaquismo”.  En las imágenes que se divulgaron del evento en twitter, aparecían los nombres de dos ejecutivas de Philip Morris. Varios profesores de esta universidad, me informaron que ellas fueron las únicas ponentes y que el encuentro fue cerrado.

Se puede colegir por el título del seminario que el tema central fue el cigarrillo electrónico, el cual ha encendido las alarmas en el área de la salud pública ante los demoledores reportes epidemiológicos del creciente número de casos de neumonitis en los Estados Unidos relacionados con su uso (1,2). Ante esta evidencia preliminar, los Centros de Control y Prevención de Enfermedades recomiendan evitar su consumo (2). En términos políticos, esta evidencia plantea la necesidad de generar fuertes regulaciones a este sector de la industria.

El hecho de que una de las transnacionales del tabaco más grande del planeta tenga la oportunidad exponer sus argumentos “académicos”, acerca de cómo reducir el daño del mismo producto que elabora, genera todo tipo de suspicacias. Bajo esta estrategia comercial, que sin duda es muy exitosa económicamente, podríamos ver en el futuro a la compañía farmacéutica Perdue Pharma ofreciendo un medicamento para “reducir el daño” del consumo de opioides.

Por fortuna y, gracias a un oportuno trino de Johnattan Garcia, este evento fue conocido a nivel público y ha propiciado una intensa discusión entre académicos y personas interesadas en temas de salud pública. La mayoría de las personas que defienden su realización recurren a un argumento aparentemente incuestionable: las universidades deben acoger todas las posturas y garantizar la libertad de expresión. A este respecto Mill afirma en su libro “Sobre la libertad” que una de las mayores injusticias que puede cometer la sociedad y el Estado es prohibir la libertad de expresión, porque la mayoría considera que los argumentos son lesivos. Mill arguye que si la opinión que se censura es correcta, se priva a la sociedad de conocer la verdad y de beneficiarse de esta. Si la opinión es errónea, la verdad quedaría reducida a un dogma (3). Estoy de acuerdo con esta postura, lo que quizá los organizadores de este evento no entienden es que Mill se refiere a debates libres e igualitarios entre ciudadanos, no a la discusión restringida y sesgada con una transnacional cuyos productos generan un gran sufrimiento humano.

La libertad de expresión es una condición fundamental para que dos o más personas, tematicen acerca de un asunto relacionado con la salud humana y tengan la posibilidad de conectarse con un público más amplio que busca impulsar una acción legislativa o iniciativa política, dirigida a prevenir enfermedades y promocionar la salud. Para acercarnos a esta situación discursiva ideal, es necesario que los participantes en una deliberación razonada, expresen sus posturas de acuerdo a lo que realmente piensen (4) y no, en este caso, a lo que dicte Philip Morris. Si algo ha caracterizado a la industria del tabaco y algunos sectores industriales que han emulado sus estrategias, son las tácticas engañosas para desacreditar la evidencia científica e interferir los procesos de abogacía en salud pública, todo con el propósito de evitar la implementación de regulaciones que van en contra de sus intereses económicos (5,6).



Declaro no tener conflictos de intereses.
Entidades que han financiado proyectos de investigación y consultoría, en los cuales he participado: Bloomberg Philanthropies, UNICEF, IUHPE, OPS, IDRC, EMBARQ, Colciencias, Fundación Ciudad Humana, Universidad Nacional de Colombia, Universidad de Washington en Saint Louis, Ministerio de salud y protección social de Colombia, Secretaría de salud de Bogotá.


Referencias

1. Layden JE, Ghinai I, Pary I, Kimball A et al. Pulmonary illness related to E-Cigarette use in Illinois and Wisconsin – Preliminary report. N Engl J Med. 2019, 6.

2. Schier JG, Meiman JG, Layden J, Mikosz CA et al. Severe pulmonary disease associated with electronic-cigarette-product use – Interim guidance. MMWR. Morb Mortal Wkly Rep 2019;68:787-790. Disponible en: https://www.cdc.gov/mmwr/volumes/68/wr/mm6836e2.htm#suggestedcitation

3. Mill, JS. (2002) On liberty. New York: Dover publications, Inc.

4. Habermas, J. (2002). Teoría de la acción comunicativa. Racionalidad de la acción y racionalización social (vols. I y II). Mexico: Taurus.

5. McDaniel PA, Malone RE. Understanding Philip Morris´s pursuit of US goverment regulation of tobacco. Tobacco Control 2004;13(Suppl I):41-47.

6. Landman A, Glantz SA. Tobacco industry efforts to undermine policy-relevant research. Am J Public Health. 2009;99:45-58.


lunes, 5 de agosto de 2019

El desafortunado trino de deGrasse Tyson acerca de las muertes ocasionadas por tiroteos, ilustra las limitaciones de una visión estrecha del utilitarismo en el área de la salud pública





Luis Fernando Gómez Gutiérrez


El pasado 5 de agosto el científico Neil deGrasse Tyson trinó el siguiente mensaje:

“En las últimas 48 horas, los Estados Unidos perdió horriblemente a 34 personas por tiroteos masivos. En promedio, en 48 horas también perdemos:

500 (muertes) por errores médicos,   
300 por gripa
250 por suicidio
200 por accidentes de carro
40 por homicidios por armas de fuego

A menudo nuestras emociones responden más por el espectáculo que a los datos” 
(deGrasse Tyson. Trino emitido el 5 de agosto de 2019. Vínculo: https://twitter.com/neiltyson/status/1158074774297468928)

Este desafortunado mensaje ilustra las notorias limitaciones que tiene una visión estrecha del pensamiento utilitario en el área de la salud pública. Esta vertiente de la filosofía moral, plantea que las acciones humanas deben estar justificadas en función de la maximización de utilidades o beneficios (1).

Una mirada utilitarista irreflexiva, como la que parece tener el Doctor Neil deGrasse Tyson, justificaría la inacción del estado en asuntos concernientes a la violencia generada por las armas, bajo el argumento de que la sociedad debe invertir sus escasos recursos en otras acciones que salven más vidas.

Este tipo de posturas son criticadas incluso, por varios pensadores utilitarios. Mill propuso una teoría utilitaria que iba más allá de los beneficios inmediatos, al tener en cuenta las consecuencias a mediano y largo plazo (2). En este caso, la violencia le genera un enorme daño a la sociedad que no puede ser reducido al número de muertes.

Otros aspecto del pensamiento de Mill, que parece desconocer el Doctor deGrasse Tyson, es la necesidad de diferenciar cualitativamente los tipos de beneficios o padecimientos (2, 3). La muerte de una persona debida a la complicación de una gripa es desafortunada y debe ser evitada, pero una sola muerte por un tiroteo es una tragedia social. La información cuantitativa es fundamental para orientar las acciones de salud pública, pero no puede el único criterio. Los datos estadísticos deben entrelazarse con deliberaciones éticas y morales, de lo contrario caemos en la trampa de reducir los problemas a números.    

Ideas finales:

Desde mi perspectiva, la salud pública es un quehacer social de carácter pragmático que entrelaza argumentos utilitaristas y de corrientes filosóficas que defienden la ética del deber.     

Espero publicar en los próximos meses un libro sobre la influencia del pensamiento utilitario y liberal en la salud pública.

Referencias

1) Driver, J. (2014) The History of Utilitarianism. En: The Stanford Encyclopedia of Philosophy Recuperado de https://plato.stanford.edu/archives/win2014/entries/utilitarianism-history/

2) Mill, JS. (2001) Utilitarianism. Indianapolis: Hackett Publishing Company, Inc.   

3) Smart, JJC., Williams, B. (1973) Utilitarianism for and against. New York: Cambridge University Press.


viernes, 2 de agosto de 2019

La salud pública, como disciplina y práctica social, es hija de la modernidad. Su nacimiento está vinculado con tres procesos básicos interdependientes...


"La salud pública, como disciplina y práctica social, es hija de la modernidad. Su nacimiento está vinculado con tres procesos básicos interdependientes: la conformación de un complejo aparato institucional propio de los Estados modernos; los descubrimientos y desarrollos científicos ocurridos desde el siglo xvii en las áreas de la biología, las matemáticas y la ingeniería civil; y el surgimiento de una esfera pública que comenzó a expresarse a través de diversos movimientos de la sociedad civil, que reivindicaban acciones políticas para mejorar las condiciones de vida" (Gómez, 2017)

(Página 11 del libro Democracia deliberativa y salud pública. Disponible en el siguiente vínculo: https://www.researchgate.net/publication/329286014_Democracia_deliberativa_y_salud_publica)

La Editorial Javeriana ha autorizado la divulgación del libro a través de la plataforma ReasearchGate

lunes, 22 de julio de 2019

El objetivo primario debe ser la promoción de alimentos reales y frescos, no la reformulación


Luis Fernando Gómez

En una reciente entrevista, el presidente ejecutivo de Nestlé en Chile, Leo Leiman, afirmó lo siguiente con respecto al etiquetado nutricional de advertencias implementado en 2016[*]: “La ley es algo interesante, innovador y ha sido exportado. No es algo malo”. El señor Leiman mencionó, además, que Nestlé tiene la intención de producir “hamburguesas vegetarianas” con quinua y otro tipo de productos “saludables”, reduciendo los contenidos de nutrientes críticos como la sal y los azúcares adicionados (1). El hecho de que un alto ejecutivo de una de las mayores corporaciones transnacionales de productos ultra-procesados en el mundo, se transforme en un aparente aliado de la salud pública genera muchas suspicacias acerca de sus verdaderas intenciones.  

Nestle u otras transnacionales pueden disminuir, por ejemplo, el contenido de azúcares adicionados en sus “cereales” para evitar la presencia de octágonos de advertencia, pero esto no significa que sus productos se tornen saludables. Más allá de los altos contenidos de azúcares, grasas saturadas y altas densidades calóricas, el consumo habitual de comestibles ultra – procesados tiene un efecto potencial en la ingesta calórica y ganancia de peso. Estos son los hallazgos principales de un estudio experimental, pionero en el área de la nutrición, el cual encontró que las personas que consumieron un patrón de dieta ultra - procesada durante dos semanas, tuvieron en promedio un exceso diario en la ingesta de 500 kilocalorías y una ganancia de 0,9 kilos en el tiempo de exposición, con respecto a las personas que consumieron un patrón de dieta basada en alimentos no procesados o mínimamente procesados (2). Además de este estudio, dos investigaciones recientes reportaron una relación entre un alto consumo de comestibles ultra-procesados y un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y muerte prematura (3,4). En otras palabras, la evidencia indica lo que ya sabíamos desde hace varias décadas en América Latina: la promoción de una alimentación saludable está basada en la producción y consumo de alimentos frescos y diversos.

No hay duda de que las medidas implementadas en Chile para reducir el consumo de los productos ultra-procesados más nocivos para la salud, son quizá una de las políticas en el área de la alimentación más destacadas en el mundo. Uno de los aspectos más novedosos y mejor concebidos en la legislación chilena, es la articulación entre sus cuatro componentes básicos: a) advertencias presentes en la parte frontal de los paquetes de comestibles, b) restricciones de publicidad dirigidas a la población infantil, c) regulaciones en los entornos alimentarios escolares y d) educación nutricional (5,6). Por ejemplo, si un producto tiene un octágono de advertencia, este no puede ser publicitado en la población infantil u ofertado en escuelas y colegios.

Me atrevo a identificar dos escenarios posibles a largo plazo con respecto a estas acciones políticas. En el primero, se daría una disminución del consumo de comestibles ultra-procesados y un incremento significativo de alimentos no procesados, como leguminosas, verduras y frutas. Es altamente probable, dada la evidencia científica actual, que este cambio de patrón de dieta generaría importantes beneficios en la salud poblacional (7). Este escenario requiere acciones políticas adicionales para incrementar la producción, oferta y promoción de alimentos no procesados en las poblaciones con la mayor vulnerabilidad social[†].

El segundo escenario estaría dado por el incremento de comestibles ultra-procesados reformulados, los cuales evitarían las regulaciones contempladas en la legislación chilena. Así, el consumo de "cereales" con exceso de azúcares adicionados sería reemplazado por otros productos de su mismo tipo con edulcorantes no calóricos. El contenido de aditivos, cuyos efectos potenciales en salud generan preocupación, no sería modificado. Para evitar la disminución de sus ventas, la industria recurriría a agresivas estrategias publicitarias en niños y adultos. Un estudio que evaluó el nivel de reformulación desde febrero de 2015 a febrero de 2016 (6 meses antes de la puesta en marcha de la legislación chilena), encontró una disminución de menos del 5% en los promedios de los nutrientes críticos (8); sin embargo, es importante aclarar que este y otros indicadores de porcentajes de exceso de nutrientes críticos de productos ofertados en el mercado no se corresponden, necesariamente, con el consumo. Es decir, el porcentaje de reformulación pudo haber sido bajo en el primer año, pero los pocos productos que evitaron las regulaciones, habrían tenido mayores volúmenes de venta y consumo en la población general. En este sentido, un reporte generado a partir de los datos de la industria de bebidas chilena, mostró una tendencia creciente en las ventas de bebidas “saludables” en el periodo comprendido entre 2011 y 2016 (9).

Un estudio cuasiexperimental publicado recientemente acerca del impacto que ha tenido la legislación chilena en los entornos alimentarios escolares, brinda algunas pistas adicionales acerca de los desafíos de la implementación de este tipo de intervenciones. La evaluación contempló mediciones antes y después en los quioscos o tiendas de 21 escuelas públicas de la ciudad de Santiago. La primera medición fue en diciembre de 2014 y la segunda en el mismo mes de 2016, seis meses después del inicio de la implementación de las regulaciones contempladas en la legislación. El estudio encontró que la disponibilidad de comestibles que tenían niveles excesivos de azúcares totales, grasas saturadas, sodio y densidad calórica, disminuyó de un 90,4% a 15% en el periodo de estudio[‡]. La mayor reducción en la oferta fue en los productos de panadería (38,5% a 4,7%). Llama la atención, sin embargo, que la oferta de bebidas – presumiblemente con edulcorantes no-calóricos- se incrementó significativamente (24,3% a 41,1%). La oferta de frutas y verduras pasó de un 0,8 a 3,5% (6). Los resultados de esta evaluación indican que las acciones políticas implementadas en Chile están teniendo un profundo impacto en la modificación de la oferta de comestibles ultra-procesados. En los próximos meses y años se contará con evidencia adicional, que permita conocer el efecto de la legislación chilena en la oferta y patrones de consumo de alimentos no procesados.

Si bien la reformulación no debe ser el objetivo principal de una agenda dirigida a promocionar una alimentación saludable, es importante destacar la necesidad de disminuir los contenidos de sal en los productos procesados y ultra-procesados. De acuerdo al Estudio de Carga Global de Enfermedad, el consumo excesivo de sal es uno de los principales factores de riesgo vinculados con carga de enfermedad en el mundo (10). Se estima que es posible reducir el consumo hasta en un 40% en productos de panadería y en un 70% en carnes procesadas, sin alterar de una manera significativa la aceptación de estos productos (11). Adicionalmente, la eliminación de las grasas trans industrializadas es una prioridad global, la cual tendría un efecto significativo en la reducción de la mortalidad cardiovascular (12).

¿Qué debemos plantear en Colombia a partir de la experiencia chilena? La implementación de un etiquetado de advertencias articulado con otras acciones políticas, como la restricción de la publicidad de comestibles ultra-procesados, la regulación de entornos alimentarios e impuestos saludables, debe ser una prioridad de salud pública en todos los países de la región. Sin embargo, estas iniciativas deben ser complementadas con acciones que incrementen la producción y oferta de alimentos no procesados. Debemos emprender, además, amplias deliberaciones sociales soportadas en estrategias de marketing social, dirigidas a tener un mayor respaldo ciudadano de asociaciones de madres y padres de familia, docentes, sectores campesinos y pequeños expendedores de frutas y verduras.

Referencias

1. González A. Presidente ejecutivo de Nestlé Chile y el etiquetado “La ley algo interesante, innovador y ha sido exportado. No es algo malo”. 2019. Disponible en: http://www.economiaynegocios.cl/noticias/noticias.asp?id=563708
2. Hall KD, Ayuketah A, Brychta R, Cai H, Cassimatis T, Chen KY, Chung ST, Costa E, Courville A, Darcey V, Fletcher LA et al. Ultra-Processed Diets Cause Excess Calorie Intake and Weight Gain: An Inpatient Randomized Controlled Trial of Ad Libitum Food Intake. Cell Metabolism. 2019; 30, 1–11.
3. Nardocci M, Leclerc BS, Louzada ML, Monteiro CA, Batal M, Moubarac JC. Consumption of ultra-processed foods and obesity in Canada. Can J Public Health. 2019;110(1):4-14.
4. Mendonça RD, Lopes AC, Pimenta AM, Gea A, Martinez-Gonzalez MA, Bes-Rastrollo M. Ultra-Processed Food Consumption and the Incidence of Hypertension in a Mediterranean Cohort: The Seguimiento Universidad de Navarra Project. Am J Hypertens. 2017;30(4):358-366.
5. Corvalán C, Reyes M, Garmendia ML, Uauy R. Structural responses to the obesity and non-communicable diseases epidemic: Update on the Chilean law of food labelling ad advertising. Obesity Reviews 2018;1-8.
6. Massri C, Sutherland S, Kallestal C, Peña S. Impact of the food-labeling and advertising law banning competitive food and beverages in Chilean Public School, 2014-2016. Am J Public Health. Published online ahead of print.
7. Aune D, Giovannucci E, Boffetta P, Fadnes LT,  Keum N, Norat T, Greenwood DC, Riboli E, Vatten LJ, Tonstad. Fruit and vegetable intake and the risk of cardiovascular disease, total cancer and all cause mortality. A systematic review and dose-response meta-analysis of prospective studies. International Journal of Epidemiology. 2017;1-28.
8. Kanter R, Reyes M, Vandevijvere S, Swinburn B, Corvalán C. Anticipatory effects of the implementation of the Chilean law of food labeling and advertising on food and beverage producto reformulation. Obesity Reviews 2018;1-12.
9. González S. Chilean demand for healthy food products continous grow. USDA Foreign Agriculture Sector. 2018. Disponible en: https://gain.fas.usda.gov/Recent%20GAIN%20Publications/Chilean%20Demand%20for%20Healthy%20Food%20Products%20Continues%20to%20%20Grow_Santiago_Chile_2-26-2018.pdf
10. GBD 2017 Diet Collaborators. Health effects of dietary risks in 195 countries, 1990-2017: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2017. Lancet. 2019;393:1958–72.   
11. Jaenke R, Barzi F, McMahon E, Webster J, Brimblecombe J. Consumer acceptance of reformulated food products: A systematic review and meta-analysis of salt-reduced foods. Crit Rev Food & Sci Nu tr. 2017;57(16):3357–3372.
12. Vandevijvere S, Vanderlee L. Effect of formulation, labelling, and taxation policies on the nutritional quality of the food supply. Current Nutrition Reports. 2019

Nota: Esta nota ha sido concebida a partir de las lecturas que incluyo en las referencias y de los múltiples debates con académicos y personas pertenecientes a las organizaciones de la sociedad civil. Deseo reconocer, especialmente, a Mercedes Mora y Rubén Orjuela.



[*] El sistema de etiquetado nutricional chileno utiliza octágonos negros para advertirle a las personas la existencia de niveles elevados de grasa saturada, sodio, azúcares totales y densidad de energía.
[†] Los procesos de transición nutricional documentados en América Latina en las últimas tres décadas, han mostrado que en el transcurso del tiempo, las prevalencias de sobrepeso y obesidad se incrementan significativamente en las personas de estrato socio-económico bajo y disminuyen en los sectores sociales más privilegiados.   
[‡] Este resultado fue calculado a partir de la aplicación de los puntos de corte contemplados en la primera fase de la ley chilena.

miércoles, 26 de junio de 2019

Relevancia de los movimientos contrahegemónicos en las agendas de salud pública



Luis Fernando Gómez Gutiérrez

Párrafos tomados del libro “Democracia deliberativa y salud pública”, en los cuales se aborda la relevancia de los movimientos contrahegemónicos en el área de la salud pública (Gómez, 2017). La Editorial Javeriana me ha autorizado su difusión. Vínculo para acceder al libro: https://www.researchgate.net/publication/329286014_Democracia_deliberativa_y_salud_publica

“Un caso ilustrativo del poder que pueden ejercer los públicos contrahegemónicos en asuntos que atañen a la salud pública es el de los movimientos civiles de la década de 1980, conformados por pacientes que padecían SIDA en Estados Unidos y que inspiraron numerosos grupos de activismo en otros países (Wright, 2013). Debido a la importancia e impacto global que tuvieron en el control y prevención de esta enfermedad, describiré algunos aspectos históricos relevantes de estos movimientos sociales, apoyándome en la documentación y los análisis de Joe Wright.
La epidemia de SIDA en Estados Unidos fue declarada oficialmente en junio de 1981 por parte del Centro de Control y Prevención de Enfermedades, el cual reportó cinco casos de personas con una inusual neumonía ocasionada por la bacteria Pneumocistis carinii en la comunidad homosexual de Los Angeles (MMWR, 1981). Ese mismo año, el enfermero Bobbi Campbell comenzó a trabajar en un hospital ubicado cerca al distrito Castro, en San Francisco, en un programa dirigido a brindar atención en salud a homosexuales (Wright, 2013). En octubre de 1981, Campbell fue diagnosticado con sarcoma de Kaposi, un tumor maligno que afecta inicialmente la piel. En diciembre de ese mismo año, Campbell decide escribir su experiencia personal en una serie de artículos publicados en el periódico local San Francisco Sentinel, fundado por un grupo de activistas homosexuales. Simultáneamente, decidió exponer las fotos de sus lesiones en la ventana de una farmacia ubicada en el Distrito de Castro, haciendo un llamado a que las personas que tuvieran lesiones similares buscaran atención médica.
Campbell logró conformar un grupo de pacientes con el mismo diagnóstico y atendidos en la misma clínica, los cuales asumieron el nombre Ks Brothers (Wright, 2013). El incremento exponencial del número de casos de SIDA en agosto de 1982 estaba a la par con la creciente estigmatización social de que eran objeto estos pacientes.
En 1982, el músico neoyorquino Michael Callen fue diagnosticado con SIDA y recurrió a la atención del médico inmunólogo Joseph Sonnabend, quien planteaba que esta nueva enfermedad era consecuencia de una sobrecarga del sistema inmune ocasionada por múltiples exposiciones a agentes patógenos en las relaciones sexuales. Callen y el escritor Richard Berkowitz comenzaron a exhortar a la opinión publica acerca de la necesidad de disminuir la promiscuidad y promover el sexo seguro (Wright, 2013). Un sector de la comunidad homosexual formuló fuertes críticas a Callen y Berkowitz, calificándolos de moralistas y homofóbicos. Sin embargo, y a pesar de las diferencias internas, Larry Kramer logró que la causa de los pacientes con SIDA adquiriera una dimensión política en la opinión pública norteamericana. En un ensayo escrito en 1983, Kramer planteaba que el problema se debía no solo a la falta de políticas gubernamentales para garantizar la atención médica a los pacientes y avanzar en agendas de investigación, sino, además, a la estigmatización y deterioro del bienestar de la comunidad homosexual (Wright, 2013). Ese mismo año se llevaron a cabo dos marchas en San Francisco y Nueva York en las que se abogaba por un mayor acceso a servicios de salud. La organización social Personas con SIDA, de San Francisco, nombró como representante a Campbell en la Conferencia Nacional de SIDA que se llevó a cabo en 1983 en Denver, Colorado, en donde tuvieron la oportunidad de reunirse con otros grupos de activistas de Nueva York, con los que tenían profundas diferencias acerca del comportamiento sexual que se debería asumir ante la presencia de la epidemia. A pesar de las acaloradas discusiones, los participantes llegaron a un consenso que se plasmó en los principios de Denver, en los cuales se hace un llamado no solo a mejorar el acceso y calidad de la atención en salud, sino, además, a humanizar el trato a los pacientes por parte de los profesionales de la salud y a denunciar los abusos y discriminaciones de que eran objeto por parte de empleadores o comunidades (Wright, 2013).
Los principios de Denver muestran como un grupo de personas con SIDA, tanto homosexuales como heterosexuales, sin ninguna influencia política y con profundas diferencias ideológicas, logran acuerdos fundamentales para combatir esta enfermedad y captan el interés de la esfera pública norteamericana. A partir de situaciones extremas que se viven en carne propia y que amenazan sus vidas, los pacientes con sida logran canalizar sus reivindicaciones a través de la conformación de organizaciones de la sociedad civil (Wright, 2013).
La reunión de Denver dio impulso a la creación de la Asociación Nacional de Pacientes con SIDA y a la Coalición del Sida para Desatar el Poder (ACTUP - AIDS Coalition to Unleash Power). Se destacan dos hitos de esta coalición durante la década de 1980 y principios de 1990. La primera de ellas fue lograr un mayor acceso a medicamentos antirretrovirales que recientemente habían mostrado su efectividad para controlar la enfermedad (“Police arrest aids protesters”, 1988). La segunda fue la disminución del precio del Azidotimidina (AZT) por parte de la farmacéutica Burroughs Wellcome. Este logro se debe, en parte, a las protestas públicas que estos grupos llevaron a cabo, entre las que se destaca la toma pacifica de la Bolsa de Valores de Nueva York el 14 de septiembre de 1989, en la cual denunciaron el alto costo de este medicamento (ACTUP, 1989).
Como apunta Fraser (1990), este y otros ejemplos destacan el hecho de que, si bien los movimientos sociales tienen pocos miembros involucradas en sus fases iniciales, entienden que hacen parte de un sector ciudadano potencialmente más amplio, con el cual, a pesar de ser indeterminado o anónimo, comparten valores.”


Referencia

Gómez LF. Democracia deliberativa y salud pública. Editorial Javeriana, 2017. 

martes, 28 de mayo de 2019

El estudio liderado por Kevin Hall indica que los comestibles ultra-procesados son más nocivos de lo que previamente se creía. Implicaciones para la salud pública en el contexto de #LeyEiquetadoYa


Luis Fernando Gómez Gutiérrez. MD MPH.

La clasificación  NOVA propone el término ultra-procesados para referirse a los comestibles que se producen a partir de “…formulaciones industriales fabricadas íntegra o mayormente con sustancias extraídas de alimentos (aceites, grasas, azúcar, almidón, proteínas), derivadas de constituyentes de alimentos (grasas hidrogenadas, almidón modificado) o sintetizadas en laboratorios a partir de materias orgánicas como petróleo y carbón (colorantes, aromatizantes, resaltadores de sabor y diversos tipos de aditivos usados para dotar a los productos de propiedades sensoriales atractivas)” (1). Las comidas rápidas, los paquetes, las bebidas azucaradas y los mal llamados “cereales” de desayuno, son los ejemplos más representativos de este tipo de productos. A pesar de las críticas formuladas por la industria y algunos académicos, el término “ultra-procesados” es cada vez más utilizado en la literatura científica.  Por ejemplo, el motor de búsqueda académico Pub Med reporta 149 resúmenes de artículos publicados desde 2010 con los términos “ultra-processed foods” o “ultra-processed diet” y la tendencia es creciente.

Un estudio reciente publicado en la revista Cell Metabolism liderado por Kevin Hall, indica que los comestibles ultra-procesados son más nocivos de lo que previamente se creía. Diez mujeres y 10 hombres adultos participaron en este estudio experimental, para evaluar los efectos de los patrones de dieta ultra-procesada versus no procesada en dos desenlaces básicos: ingesta de energía y peso corporal. En las dos primeras semanas los participantes fueron asignados aleatoriamente a alguna de las dos dietas y, posteriormente, eran expuestos durante el mismo tiempo al patrón de dieta contrario, siendo cada uno de ellos su propio control (2). Este tipo de estudio experimental se denomina cruzado (“crossover”) y permite un diseño eficiente en términos de tamaño de muestra (3).

Uno de los aspectos más novedosos de este estudio fue la cuidadosa calibración que tenían las tres comidas y refrigerios de las dos exposiciones (dieta ultra-procesada versus no procesada) con respecto a la cantidad de calorías, porcentajes de macronutrientes, azúcares, sodio y fibra. El consumo de los alimentos y comestibles de cada dieta era de acuerdo con la libre opción de cada persona y, adicionalmente, la oferta de tentempiés (“snacks”) era permanente. Por último, la ingesta calórica, el gasto de energía, el peso corporal y 39 indicadores metabólicos fueron estrictamente monitoreados en los participantes durante cuatro semanas (2).

Los resultados de este estudio muestran que cuando las personas estuvieron expuestas al patrón de dieta ultra- procesada consumían, en promedio, 500 kilocalorías más al día y ganaron 0,9 kilos de peso y 0,4 kilos de masa adiposa, durante las dos semanas. Por el contrario, durante la exposición a la dieta no procesada, los participantes perdieron en promedio 0,9 kilos (2). Este último hallazgo acerca de los beneficios del consumo de alimentos no procesados, es planteado por la Doctora Ana Paula Bortoletto en los siguientes términos en uno de sus trinos: los participantes “…no contaron calorías, no restringieron carbohidratos, no asumieron una dieta vegana, paleo o libre de azúcares y, sin embargo, perdieron 2 libras en 2 semanas”.

Es adecuado mencionar que no se encontraron diferencias estadísticamente significativas con respecto al consumo de azúcares totales y fibra entre los dos patrones de dieta. Igualmente, el gasto de energía por actividad física fue similar durante ambas exposiciones. Finalmente, los participantes no reportaron diferencias en las percepciones que indagaban acerca de qué tan gustosas eran las comidas (2).

Los autores de este estudio, plantean que las propiedades sensoriales de los comestibles ultra- procesados, determinadas por el contenido de aditivos que resaltan los sabores, podrían explicar el mayor consumo calórico que se observa en este tipo de productos (2).    

Investigaciones previas con diseños observacionales - es decir, no experimentales - ya habían reportado los vínculos entre el consumo de comestibles ultra-procesados y un mayor riesgo de obesidad y de enfermedades crónicas no transmisibles (4-6), sin embargo, el diseño experimental del estudio de Hall y colaboradores permitió superar las limitaciones de este tipo de diseños epidemiológicos. En otras palabras, el estudio permite establecer, junto a otros criterios, un vínculo causal entre este tipo de productos y efectos adversos en salud, en este caso el incremento de la masa adiposa.

Las implicaciones que tiene este estudio son muy relevantes para la salud pública. En un estudio recientemente publicado en la revista Nutrients y liderado por la profesora Mercedes Mora-Plazas, encontramos que el 80,2% de los productos con rotulado nutricional y que eran ofertados en las principales cadenas de supermercados de Bogotá, deberían ser regulados por tener exceso de nutrientes críticos como azúcares libres, sodio y grasas saturadas (7).

Actualmente se discute en el congreso colombiano la conveniencia de implementar un etiquetado de advertencias a los comestibles ultra-procesados, iniciativa en la cual Chile es pionero y que debe ser articulada con otras acciones como la restricción de la publicidad de los comestibles no saludables dirigida a la población infantil, promoción de entornos alimentarios saludables (8) y transformación de los sistemas agrícolas y alimentarios.

Referencias bibliográficas    
1) Brasil. Ministerio de Salud de Brasil. Secretaría de Atención a la Salud. Departamento de Atención Primaria. Guía alimentaria para la población brasileña / Ministerio de Salud de Brasil, Secretaría de Atención a la Salud, Departamento de Atención Primaria; traducido por Carlos Augusto Monteiro con Organización Pan-Americana de la Salud. – Brasília: Ministerio de Salud de Brasil, 2015.
2) Hall KD, Ayuketah A, Brychta R, Cai H, Cassimatis T, Chen KY, Chung ST, Costa E, Courville A, Darcey V, Fletcher LA et al. Ultra-Processed Diets Cause Excess Calorie Intake and Weight Gain: An Inpatient Randomized Controlled Trial of Ad Libitum Food Intake. Cell Metabolism. 2019; 30, 1–11.
3) Porta M. A dictionary of epidemiology. A handbook sponsor by the IEA. 6th ed. Oxford University Press. New York 2016.
4) Nardocci M, Leclerc BS, Louzada ML, Monteiro CA, Batal M, Moubarac JC. Consumption of ultra-processed foods and obesity in Canada. Can J Public Health. 2019;110(1):4-14.
5) Mendonça RD, Lopes AC, Pimenta AM, Gea A, Martinez-Gonzalez MA, Bes-Rastrollo M. Ultra-Processed Food Consumption and the Incidence of Hypertension in a Mediterranean Cohort: The Seguimiento Universidad de Navarra Project. Am J Hypertens. 2017;30(4):358-366.
6) Fiolet T, Srour B, Sellem L, Kesse-Guyot E, Allès B, Méjean C, Deschasaux M, Fassier P, Latino-Martel P, Beslay M, Hercberg S, Lavalette C, Monteiro CA, Julia C, Touvier M. Consumption of ultra-processed foods and cancer risk: results from NutriNet-Santé prospective cohort. BMJ. 2018;360:k322.
7) Mora-Plazas M, Gómez LF, Miles DR, Parra DC, Taillie LS. Nutrition Quality of Packaged Foods in Bogotá, Colombia: A Comparison of Two Nutrient Profile Models. Nutrients 2019, 11, 1011.
8) Corvalán C, Reyes M, Garmendia ML, Uauy R. Structural responses to the obesity and non‐communicable diseases epidemic: Update on the Chilean law of food labelling and advertising. Obesity Reviews. 2018;1–8.