Luis Fernando Gómez Gutiérrez
Noviembre de 2016
El 75,6% de la mortalidad en
Colombia en el año 2015 fue debida a enfermedades crónicas no-transmisibles
(ECNTs), entre ellas la obesidad y la diabetes mellitus que representaron el
segundo y tercer factores de riesgo vinculados con mortalidad, respectivamente (1).
De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, las ECNTs generan un impacto
negativo que es significativamente mayor en la población más pobre (2). La
distribución de estas enfermedades y de los factores de riesgo asociados es
altamente inequitativa, e impone una carga de enfermedad desproporcionalmente
alta en países de ingresos bajos y medios (2).
En países con un bajo índice
de desarrollo humano o ingresos bajos, la asociación entre posición
socioeconómica (PSE) y obesidad es positiva en la mayoría de los casos; es
decir, a mayor PSE se observa un incremento en la probabilidad de padecer
obesidad. Sin embargo, en países de ingresos medios como la mayoría de los
latinoamericanos, la relación es negativa en la población femenina, lo cual
significa que las mujeres más pobres tienen una mayor probabilidad de padecer
obesidad (3). Este hallazgo se corresponde con un análisis secundario de la
ENSIN 2010, el cual encontró que las mujeres adultas colombianas con niveles
educativos mayores a secundaria tenían 30% menos probabilidad de ser obesas,
con respecto a las mujeres que no tenían ningún grado de escolaridad (4). Es
predecible que bajo el actual contexto de globalización, la obesidad y la
diabetes se concentren cada vez más en la población más pobre de Colombia.
Nadie mínimamente sensato, puede
negar la fuerte evidencia existente entre el consumo habitual de bebidas
azucaradas y diversas consecuencias negativas en salud, como la obesidad y la
diabetes mellitus (5,6). Una de las acciones más efectivas para enfrentar este
problema es la implementación de un impuesto, que de acuerdo a la OMS debe ser superior
al 20% para que genere su mayor potencial de impacto (7). La experiencia en México
indica que el impuesto del 10% a las bebidas azucaradas, redujo en promedio el
consumo de estos productos durante el año 2014 en un 6%; logrando un mayor
impacto en las familias de bajo estrato socioeconómico, con una reducción del
9% (8). Este efecto se mantuvo en el año 2015 (9). El impacto de esta medida es
potencialmente enorme. Un estudio publicado recientemente, estima que una reducción del 10% del consumo en México evitaría alrededor de
189.300 nuevos casos de diabetes, 24.400 accidentes cerebrovasculares e
infartos del miocardio y 18.900 muertes en el periodo 2013-2022 (10). Si bien
no lo menciona el artículo, es muy probable que el mayor impacto de esta medida
se presente en la población más pobre.
Bajo este contexto, un
impuesto a las bebidas azucaradas tiene el potencial de atenuar las profundas
inequidades sociales vinculadas con las ECNTs en Colombia. Los legisladores
tienen una gran responsabilidad histórica, con respecto a la aprobación de una medida estrechamente
vinculada con el derecho a la salud.
Referencias
1)
Global Burden of Disease Study 2013, Institute for Health Metrics and
Evaluation. Disponible en: http://vizhub.healthdata.org/gbd-compare/ [Consultado 1ro Julio 2016].
2)
WHO. WHO Global Coordination Mechanism on the Prevention and Control of NCDs. Disponible
en: http://www.who.int/global-coordination-mechanism/poverty-and-development/en/
[Consultado 1ro Julio 2016].
3)
Dinsa GD, Goryakin Y, Fumagalli E, Suhrcke M. Obesity and socioeconomic status
in developing countries: a systematic review. Obes Rev 2012;13(11):1067_1079.
4) Sanchez D, Rengifo C, Prada
J, Rincón M, Ramirez A, Perea AM, Piñeros J, Rodriguez N, Gómez LF. Gender differences in the relation between
socioeconomic position and obesity among Colombian adults. Trabajo
presentado en APHA 2016 Annual meeting. Disponible en: https://apha.confex.com/apha/144am/meetingapp.cgi/Paper/360008
5)
Te Morenga L, Mallard S, Mann J. Dietary sugars and body weight: systematic
review and meta-analyses of randomised controlled trials and cohort studies. British
Medical Journal 2013; 346: e7492
6)
Xi B, Li S, Liu Z, Tian H, Yin X, et al. (2014) Intake of Fruit Juice
and Incidence of Type 2 Diabetes: A Systematic Review and Meta-Analysis. PLoS
ONE 9(3): e93471.
7) World Health Organization. Taxes on sugary drinks: Why
do it. 2016 Diposnible: http://apps.who.int/iris/bitstream/10665/250303/1/WHO-NMH-PND-16.5-eng.pdf
[Consultado 1ro Nov 2016].
8)
Colchero
MA, Popkin BM, Rivera JA, Ng SW. Beverage purchases from stores in Mexico under
the excise tax on sugar sweetened beverages: observational study. BMJ 2016; 352.
9) Colchero MA, Guerrero-López CM, Molina M, Rivera JA. Beverages sales in Mexico before and after implementation
of a sugar sweetened beverage tax. PLoS One. 2016;11(9):e0163463.
10) Sánchez-Romero LM, Penko J, Coxson PG, Fernández A, Mason A, Moran AE, Ávila-Burgos L, Odden M, Barquera S, Bibbins-Domingo K. Projected impact of Mexico´s sugar sweetened beverage
tax policy on diabetes and cardiovascular disease: A modeling study. PLoS Med.
2016;13(11):e1002158.
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