martes, 13 de febrero de 2018
viernes, 1 de diciembre de 2017
martes, 29 de agosto de 2017
La ciencia no genera certidumbres
Luis Fernando Gómez
Gutierrez
Extractos
del Amicus Curiae en el proceso de tutela con radicación No. T-6.029.705 que le
dirigí a la Corte Constitucional el pasado 6 de julio de 2017.
El objetivo de la
epidemiología y de otras disciplinas científicas, no es tener certidumbre total
acerca del vínculo causal entre una exposición y un efecto (1). La meta de la
ciencia, tal como ha sido ampliamente aceptado por diferentes disciplinas
científicas y vertientes de la filosofía de la ciencia (2-5), es adquirir un
conocimiento cada vez más válido y preciso acerca de la realidad y la manera de
intervenirla.
La
epidemiología permite establecer diferentes niveles de evidencia acerca de
exposiciones de riesgo y diversas consecuencias adversas en salud, que contribuyen
a orientar las acciones en salud pública (1). Esta evidencia se construye a partir del conjunto de investigaciones
que se llevan a cabo en un área específica y que pueden ser resumidas a través
de revisiones narrativas, revisiones sistemáticas, meta-análisis y síntesis de
evidencia (6-7). Esto implica que, en general, es difícil establecer vínculos
causales a partir de los resultados de un solo estudio. Bajo este abordaje, entidades
como la Organización Mundial de la Salud, el Centro Internacional de
Investigaciones sobre el Cáncer y entidades sanitarias de orden nacional como
los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos,
han generado esquemas que valoran la calidad de la evidencia epidemiológica, las
cuales son aplicadas por grupos de expertos independientes que son
seleccionados después de valorar la existencia de conflictos de intereses (7-10).
Referencias
bibliográficas
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jueves, 17 de noviembre de 2016
Las políticas públicas integrales se construyen a partir de acciones concretas
Luis Fernando Gómez Gutiérrez
Noviembre de 2016
Una de las críticas que
formulan algunos sectores sociales y empresariales para oponerse a un impuesto
a las bebidas azucaradas, esta soportada en el hecho de que la obesidad está
determinada por una compleja trama de factores de riesgo y determinantes
sociales (1). Bajo esta mirada, un impuesto no resolverá el problema debido a
que no está acompañado de medidas integrales en diversos sectores, arropadas en
una sola política pública. Estos argumentos son aparentemente convincentes,
pero no tienen en cuenta la manera en la que se legitiman las políticas
públicas en salud y en otras áreas. Desde mi perspectiva, es muy poco efectivo
y potencialmente antidemocrático, plantear políticas públicas que contemplen
acciones simultáneas en varios frentes, en temas de salud pública tan complejos
como la obesidad. En esta breve nota brindaré argumentos para soportar esta
afirmación.
En primer término, una
iniciativa legislativa que intente abordar integralmente el problema de la
obesidad, puede terminar abarcando multiplicidad de acciones poco específicas y
con un nivel de aplicación muy débil. Un ejemplo fue la ley 1355 de 2009, denominada
“ley de obesidad” (2). Los legisladores y los académicos que participamos en
esta iniciativa legislativa, estábamos tan preocupados por generar una norma que
garantizara acciones integrales, que se descuidaron los alcances de cada una de
las medidas que se contemplaron. Debido en parte a esta situación, esta ley no
incluyó mecanismos sancionatorios y términos perentorios para regular cada uno
de sus artículos. Después de seis años de su promulgación, esta ley terminó
siendo una declaración de buenas intenciones, con muy poco o nulo impacto en
salud.
Por otra parte, pretender que
una iniciativa legislativa incluya todos las acciones para prevenir y controlar
la obesidad, puede atentar contra el derecho que tiene una sociedad de
deliberar acerca de asuntos públicos relacionados con salud. Cuando el nivel de
acuerdo y el grado de discusión social acerca de un tópico en salud tan
complejo como la obesidad es incipiente, surge la necesidad de propiciar
deliberaciones ciudadanas acerca de acciones políticas concretas. Este es un
argumento que se plantea desde la democracia deliberativa y que puede aplicar a
políticas de diverso tipo (3). Es claro sin embargo, que estas deliberaciones
tienen la posibilidad de ser entrelazadas con asuntos que pueden anticipar
otras acciones políticas y que permitirían construir paulatinamente una
política integral. Así, y a manera de ejemplo, las discusiones sociales en
torno a un impuesto a las bebidas azucaradas, pueden generar las siguientes preguntas:
- Porqué la población infantil está expuesta a la publicidad de bebidas azucaradas y de otros productos no saludables?
- Porqué muchos colegios no regulan la oferta de este tipo de bebidas?
- No sería necesario mejorar la calidad del agua para que esta política tuviera más impacto?
- Qué políticas serían necesarias para estimular la producción y consumo de alimentos no procesados en Colombia?
Finalmente, las acciones
legislativas que intentan abarcar muchos frentes en forma simultánea, pueden caer
en la tentación del cientificismo. A partir de la evidencia existente, los
investigadores y académicos hemos configurado esquemas de intervenciones
políticas y ambientales para promocionar alimentación saludable y actividad
física. Estas son, sin duda, herramientas valiosas que orientan las acciones de
salud pública. Resulta, sin embargo, inadecuado pretender que una sociedad
acepte de una manera pasiva la aplicación simultánea de todas estas medidas,
situación que puede generar políticas con baja legitimidad social y nula
aplicación. Esta situación nace en parte, por la concepción errónea de asumir
que las políticas públicas solo se deben soportar en argumentos científicos y
muy poco o nada, en deliberaciones sociales que contemplan otras
consideraciones, relacionadas con la manera en que queremos vivir nuestras
vidas en sociedad. En otras palabras: no se debe predefinir desde la academia y
de la institucionalidad de la salud pública, una hoja de ruta para prevenir la
obesidad, sin haberla discutido con la sociedad.
Se puede concluir que enfocar nuestros esfuerzos de abogacía en la implementación de un impuesto a las bebidas
azucaradas, ha permitido orientar la atención del público en una acción concreta.
Adicionalmente, ha abierto el debate acerca de otras políticas públicas, que se
podrían abordar en un futuro. Bajo esta propuesta, la integralidad se logrará a
medida que se amplíen los consensos sociales, con respecto a otras acciones que
se requieran para prevenir la obesidad, entre las que se contemplan las
siguientes: restricciones al márquetin y publicidad de alimentos y bebidas
ultra-procesados, etiquetado frontal de fácil comprensión para el consumidor,
modificación de los entornos alimentarios escolares y acciones políticas para
promocionar la actividad física (4).
No es estar en contra de la
integralidad de las políticas, es aspirar que esta se logre a partir del ritmo
que dicte la sociedad.
Referencias
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viernes, 11 de noviembre de 2016
Impuesto a las bebidas azucaradas puede disminuir inequidades en salud en Colombia
Luis Fernando Gómez Gutiérrez
Noviembre de 2016
El 75,6% de la mortalidad en
Colombia en el año 2015 fue debida a enfermedades crónicas no-transmisibles
(ECNTs), entre ellas la obesidad y la diabetes mellitus que representaron el
segundo y tercer factores de riesgo vinculados con mortalidad, respectivamente (1).
De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, las ECNTs generan un impacto
negativo que es significativamente mayor en la población más pobre (2). La
distribución de estas enfermedades y de los factores de riesgo asociados es
altamente inequitativa, e impone una carga de enfermedad desproporcionalmente
alta en países de ingresos bajos y medios (2).
En países con un bajo índice
de desarrollo humano o ingresos bajos, la asociación entre posición
socioeconómica (PSE) y obesidad es positiva en la mayoría de los casos; es
decir, a mayor PSE se observa un incremento en la probabilidad de padecer
obesidad. Sin embargo, en países de ingresos medios como la mayoría de los
latinoamericanos, la relación es negativa en la población femenina, lo cual
significa que las mujeres más pobres tienen una mayor probabilidad de padecer
obesidad (3). Este hallazgo se corresponde con un análisis secundario de la
ENSIN 2010, el cual encontró que las mujeres adultas colombianas con niveles
educativos mayores a secundaria tenían 30% menos probabilidad de ser obesas,
con respecto a las mujeres que no tenían ningún grado de escolaridad (4). Es
predecible que bajo el actual contexto de globalización, la obesidad y la
diabetes se concentren cada vez más en la población más pobre de Colombia.
Nadie mínimamente sensato, puede
negar la fuerte evidencia existente entre el consumo habitual de bebidas
azucaradas y diversas consecuencias negativas en salud, como la obesidad y la
diabetes mellitus (5,6). Una de las acciones más efectivas para enfrentar este
problema es la implementación de un impuesto, que de acuerdo a la OMS debe ser superior
al 20% para que genere su mayor potencial de impacto (7). La experiencia en México
indica que el impuesto del 10% a las bebidas azucaradas, redujo en promedio el
consumo de estos productos durante el año 2014 en un 6%; logrando un mayor
impacto en las familias de bajo estrato socioeconómico, con una reducción del
9% (8). Este efecto se mantuvo en el año 2015 (9). El impacto de esta medida es
potencialmente enorme. Un estudio publicado recientemente, estima que una reducción del 10% del consumo en México evitaría alrededor de
189.300 nuevos casos de diabetes, 24.400 accidentes cerebrovasculares e
infartos del miocardio y 18.900 muertes en el periodo 2013-2022 (10). Si bien
no lo menciona el artículo, es muy probable que el mayor impacto de esta medida
se presente en la población más pobre.
Bajo este contexto, un
impuesto a las bebidas azucaradas tiene el potencial de atenuar las profundas
inequidades sociales vinculadas con las ECNTs en Colombia. Los legisladores
tienen una gran responsabilidad histórica, con respecto a la aprobación de una medida estrechamente
vinculada con el derecho a la salud.
Referencias
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jueves, 13 de octubre de 2016
Impuestos a las bebidas azucaradas: una medida con amplio apoyo social
Luis Fernando Gómez
De acuerdo a la evidencia
actual, la implementación de un impuesto al consumo a las bebidas azucaradas, es
una medida efectiva para prevenir la obesidad y la diabetes (1-13). Si los colombianos
queremos que esta acción política tenga un alto impacto en la salud
poblacional, la magnitud del impuesto debe ser superior al 20% (6). No se
trata, sin embargo, de una formula milagrosa. Es necesario integrar esta medida con otras acciones
políticas que han mostrado ser efectivas, como el control del márquetin y
publicidad de alimentos y bebidas no saludables, la modificación de los entornos
alimentarios, no solo en las escuelas, sino además en las universidades y
ámbitos laborales. Este tipo de intervenciones requiere además, reestructurar
los sistemas agrícolas y alimentarios, con el propósito de que la oferta de
alimentos se dé a expensas, de alimentos no procesados cultivados localmente
(14). Por último, es perentorio que estas acciones estén acompañadas de políticas
públicas dirigidas a promocionar la actividad física (15).
Para algunos sectores sociales
y de la industria de bebidas, la implementación de un impuesto es una injerencia
indebida del Estado, en asuntos que le competen exclusivamente al individuo (16).
La vertiente de liberalismo libertario propuesta por Robert Nozick, es
especialmente crítica a este tipo de intervenciones, que denomina peyorativamente
como paternalismo estatal. Para esta corriente de pensamiento, cada individuo
debe tener plena potestad para decidir cómo quiere vivir y no debe tener
ninguna coerción o limitación en sus patrones de consumo (17). Los libertarios
consideran que el Estado paternalista se arroga el derecho de decidir cómo deben
comportarse las personas y estigmatiza, bajo una mirada puritana, los goces de
la vida relacionados con el consumo de diversos productos (18).
Estos argumentos aparentemente
razonables, tienen varias falencias conceptuales. En primer lugar, detrás de
los actos aparentemente libres y espontáneos de cada ser humano, subyace un
marco de decisiones previas, leyes e instituciones; en otras palabras: un
contexto que orienta nuestros comportamientos y reflexiones mentales (19). La
obesidad es un problema social que no se explica por la simple sumatoria de
actos individuales, relacionados con patrones de alimentación y actividad
física. Las condiciones sociales, los entornos alimentarios escolares, el
contexto publicitario y el precio de las bebidas y alimentos, entre otros
aspectos, tienen una profunda influencia en la manera en que una persona se
alimenta. En otras palabras, las decisiones que toman las personas con respecto
a sus patrones de alimentación, están mediados por una compleja trama de
factores contextuales (20).
Por otra parte, existe una
contradicción de la industria al afirmar que el Estado no debe interferir en
las fuerzas que operan el mercado. Las bebidas azucaradas no tienen impuesto al
consumo en Colombia, lo cual les permite tener una posición privilegiada con
respecto a otros productos. Esta situación se debe posiblemente, al poder
económico y político que ejerce este sector en los diferentes estamentos gubernamentales.
En este sentido, el Estado se ha comportado de una manera paternalista con la
industria y, por el contrario, escucha muy poco a la ciudadanía. Un ejemplo
vergonzoso de este paternalismo estatal de tipo corporativo, fue la decisión que
tomó la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) el pasado 7 de
septiembre, dirigida a retirar la difusión de un anuncio radial y televisivo,
que mostraba de manera certera los riesgos del consumo de las bebidas
azucaradas (https://www.youtube.com/watch?v=7pCuFs1nAGM&feature=youtu.be). Aun
para un libertario, esta acción de la SIC atentaría contra el derecho a
la libre expresión.
Por último, amplios sectores
de la sociedad civil colombiana, agrupados en la Alianza por la Salud
Alimentaria y Educar Consumidores, han impulsado y respaldado la implementación
del impuesto. Una encuesta llevada a cabo recientemente por Educar
Consumidores y Infométrica, encontró que 7 de cada 10 colombianos respaldan la
implementación de esta medida económica (21). Bajo estas circunstancias, el
impuesto no es una simple medida prescriptiva del Estado y ha permitido generar
deliberaciones, acerca de las maneras como los colombianos nos alimentamos y de
cómo estos patrones de consumo, se explican por diversos factores del contexto.
En este sentido, las discusiones que se han dado alrededor de este impuesto
saludable, permiten preparar el terreno para otras acciones políticas en el
área.
Referencias
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sábado, 17 de septiembre de 2016
Industria de bebidas explota comercialmente a la población infantil, mientras la SIC censura anuncio a favor de la salud pública
Luis Fernando Gómez, MD, MPH.
Me he enterado a través de varios familiares, que desde hace algunos días se está emitiendo en canales de televisión colombianos, un anuncio
publicitario que promociona el consumo del producto SunTea, utilizando niñas y niños
menores de 12 años (ver video en este vínculo: https://www.youtube.com/watch?v=xHffYunbQFE). Este tipo de comerciales no es, desafortunadamente, algo nuevo en Colombia, e
indica como la industria de bebidas azucaradas sigue explotando comercialmente
a la población infantil, con el propósito de incrementar las ventas de productos
que tienen claros riesgos para la salud humana (1-12).
Resulta ilustrativo describir algunos de los contenidos de
este comercial. Inicia con el siguiente mensaje: “Sabes qué le gusta a tus hijos de las gaseosas?” Posteriormente, dos
niños y una niña quienes claramente son menores de 12 años, recitan el guion
impuesto por el patrocinador. Una mamá afirma entonces, que el producto es
delicioso y luego se interponen imágenes de niños y la marca del producto. Es
adecuado mencionar, que SunTea contiene 10 gramos de azúcar por cada porción de
12 gramos, que habitualmente se utiliza en la preparación de un vaso de
refresco, lo cual supera el nivel límite de azúcar que
recomienda la OPS. Adicionalmente, contiene sucralosa, edulcorante
no-energético que no debe ser consumido en la población infantil (13). Finalmente,
no contiene ningún porcentaje de fruta, lo cual es un claro engaño para el
consumidor, ya que el comercial presenta imágenes de frutas.
La razón instrumental de estas prácticas comerciales, está
soportada en el hecho de que el reconocimiento y lealtad de marca tienen un valor
comercial muy alto para la industria de bebidas azucaradas e intenta propiciarlas
a temprana edad. La industria sabe además, que los primeros años de vida son
cruciales para incorporar psicológica y neurológicamente, los sabores de
alimentos y productos. Adicionalmente, las niñas y niños menores de 12 años no cuentan
con la maduración psicológica, para analizar críticamente las motivaciones
comerciales que hay detrás de un anuncio publicitario (14).
Ningún ser humano, y más la población infantil que cuenta con derechos prevalentes, debe ser utilizado como un medio o instrumento para perseguir un fin. Esta visión utilitarista y profundamente anti-ética de la industria de bebidas azucaradas, trata a la población infantil como simple objeto de consumo y vulnera no solo su salud, sino además, su dignidad humana.
Esta arremetida de la industria de bebidas azucaradas,
coincide con la decisión que tomó la Super Intendencia de Industria y Comercio
el pasado 7 septiembre, en la cual ordenó el cese de la difusión de un anuncio
radial y televisivo, patrocinado por Educar Consumidores y la Alianza por la
Salud Alimentaria, que muestra de manera veraz los riesgos que tiene para la
salud humana, el consumo habitual de las bebidas azucaradas (ver anuncio: https://www.youtube.com/watch?v=7pCuFs1nAGM&feature=youtu.be).
En este contexto, la Organización Mundial de la Salud ha hecho
un llamado a los Estados, para que regulen las estrategias de márquetin de la
industria de alimentos y bebidas. Una de las recomendaciones de esta entidad es
la siguiente: “Dado que la eficacia de la
promoción depende de la exposición y el poder del mensaje, el objetivo general
de las políticas debe ser reducir tanto la exposición de los niños como el
poder de la promoción de los alimentos ricos en grasas saturadas, ácidos grasos
de tipo trans, azúcares libres o sal” (15).
El Estado colombiano no ha adoptado estas recomendaciones. Desde
mi perspectiva, el INVIMA tiene la mayor responsabilidad en esta situación. La
ley 1355 de 2009 le ordena de manera clara a esta entidad: “regular, vigilar y controlar la publicidad de los alimentos y bebidas,
con criterios de agilidad y eficiencia operativa en su funcionamiento, buscando
la protección de la salud en los usuarios y en especial de la primera infancia
y la adolescencia, teniendo en cuenta lo establecido por la Organización
Mundial de la Salud – OMS, con respecto a la comercialización de alimentos en
población infantil” (16). Han pasado 7 años desde la promulgación de esta
ley y la única política del INVIMA, ha sido la de la inacción. Por otra parte,
la Super Intendencia de Industria y Comercio censura de una manera
injustificada y sin ningún soporte científico, un anuncio que tiene gran
relevancia para la salud pública, mientras permite la emisión de comerciales
como los de SunTea y otras bebidas azucaradas, que engañan de una manera
flagrante a los consumidores.
Parece que las instituciones del Estado, escuchan más a la
industria de bebidas azucaradas que a la ciudadanía. Una razón más para
fortalecer organizaciones de la sociedad civil como la Alianza por la Salud
Alimentaria.
Referencias
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