sábado, 9 de febrero de 2019

Liberalización del comercio internacional e industria transnacional del tabaco



Luis Fernando Gómez Gutiérrez

En esta breve nota comparto algunos párrafos de uno de los capítulos del libro “Democracia deliberativa y salud pública”, en las cuales abordo la amenaza que representa la industria tabacalera transnacional (Gómez, 2017).
“La liberalización del comercio internacional de los productos derivados del tabaco ha generado un crecimiento significativo de su consumo en países de bajos y medianos ingresos. De acuerdo con el Banco Mundial, la producción de cigarrillo en estos grupos de países se ha incrementado entre 40% y 70% en las últimas décadas (Labonté, Mohindra y Lencucha, 2011b). Esta situación se explica por la disminución en los precios del tabaco en un contexto de amplia competencia comercial y la privatización de monopolios estatales que lo producían (MacKenzie y Collin, 2012). El caso paradigmático que ilustra esta situación fue la manera como aquellos países de la ex Unión Soviética que recibieron inversión extranjera por parte de la industria tabacalera presentaron un incremento del consumo de tabaco de 51%; por el contrario, los países que no la recibieron tuvieron un descenso del 3% (Labonté et al., 2011a/b). Así mismo, Corea del Sur registró un incremento significativo en el consumo de cigarrillos, un año después de que este país abriera su mercado a los productos de tabaco importados desde Estados Unidos (Labonté et al., 2011b).
Si bien China National Tobacco Corporation es el mayor productor de tabaco en el mundo, la mayoría de la producción fuera de China está concentrada en unas pocas compañías: Philip Morris International, British American Tobacco, Imperial Tobacco y Japan Tobacco International. Esta realidad hace que las estrategias de márquetin que han sido exitosas en un país comienzan a ser implementadas rápidamente en otros. Adicionalmente, el carácter global de estas grandes corporaciones multinacionales les permite tener una enorme injerencia en las decisiones de la OMC (Organización Mundial del Comercio) y llevar a cabo estrategias agresivas de márquetin y publicidad, que no siempre están bajo el control de los Estados (Samet, 2012).
En el contexto de América Latina, Labonté et al. (2011b) señalan que la liberalización económica permitió que la British American Tobacco comenzara a controlar el 50% de las ventas de cigarrillos en la región y Philip Morris dominara la totalidad del mercado de productos derivados del tabaco en República Dominicana, situación que se debe, en parte, a la adquisición de la industria tabacalera local, lo cual le ha permitido llevar a cabo un agresivo márquetin. El beneficio para esta última corporación es aún mayor, debido a que ha expandido la comercialización de sus productos a Centro América en el contexto del Central American Free Trade Agreement (dr-cafta). Esta misma situación se ha observado en la Argentina, en donde, para el año 2011, el 90% del mercado de tabaco estaba controlado por la Philip Morris y BAT. Esta expansión regional ha estado acompañada de iniciativas agresivas para incrementar la participación económica de la agroindustria del tabaco. Así, países como Honduras, Guatemala, Uruguay y Haití tuvieron un incremento en más de 100% en las hectáreas dedicadas al cultivo de tabaco, en el periodo 1970-2000. Si bien, algunos cultivadores y productores pudieron haberse beneficiado con esta situación, es claro que los resultados sociales y de salud han sido muy negativos, por las implicaciones potenciales que tienen estas políticas en la seguridad alimentaria y en la salud poblacional. Adicionalmente, se ha observado que en países de bajos ingresos se recurre al trabajo infantil, con consecuencias negativas en la vulneración de derechos en este grupo poblacional (Labonté et al., 2011b).
Para entender adecuadamente estos procesos, resulta ilustrativo mencionar algunos antecedentes históricos de la manera como la industria transnacional del tabaco ha planteado globalmente su estrategia. En el año 1977, siete corporaciones de tabaco crearon el denominado International Committee on Smoking Issues (icosi), con el propósito de enfrentar las diferentes iniciativas nacionales antitabaco. Esta entidad cambió posteriormente su nombre por el de infotab (International Tobacco Information Center), que contaba para 1984 con 69 miembros que operaban en 57 países. infotab generó material informativo y pronunciamientos oficiales para orientar a sus miembros acerca de la manera de generar contextos favorables para la industria de tabaco. En 1992, esta entidad fue dividida en dos organizaciones: The Tobacco Documentation Centre and Agro-Tobacco Services (hoy Hallmark Marketing Services). La primera siguió con las mismas tareas que tenía infotab, la segunda se especializó en apoyar a los cultivadores de tabaco, enfatizando la importancia que tendría este sector en la economía de países de bajos y medianos ingresos. La escala global de esta industria ilustra cómo los intereses corporativos transnacionales amenazan iniciativas globales que fortalecen la salud pública en cada uno de los países. La red creada por infotab permanece activa (McDaniel, Intinarelli y Malone, 2008).
Complementaria a esta iniciativa, la industria tabacalera transnacional conformó en la década de 1980 la denominada United States Cigarette Export Association (uscea) con el liderazgo de Philip Morris. En los años subsiguientes, la uscea llevó a cabo un intenso y efectivo cabildeo ante el gobierno de Estados Unidos con el propósito de que este presionara a diferentes países para que se eliminaran barreras arancelarias y publicitarias de sus productos. Estos esfuerzos se ven recompensados con un incremento exponencial de las exportaciones de tabaco desde los Estado Unidos (MacKenzie y Collin, 2012). En este contexto, Clayton Yeutter, representante de Comercio de los Estados Unidos, afirmaba textualmente en 1989:
“Cuando una nación viola sus obligaciones comerciales internacionales, mediante la restricción de las importaciones de tabaco, al tiempo que permite la venta de tabaco nacional, incurre en una discriminación contra los productos de Estados Unidos. Tenemos una obligación establecida en la ley para atacar este tipo de discriminación, y tenemos la intención de hacerlo sin importar el producto” (citado por MacKenzie y Collin, 2012).

Para cumplir este propósito, Estados Unidos siempre han intentado impulsar los acuerdos comerciales relacionados con productos de tabaco de manera bilateral con cada país, para evitar el escrutinio y el control de organizaciones gobernadas por el derecho público internacional (MacKenzie y Collin, 2012). A mi juicio, esta situación es una amenaza para la salud pública, debido a que les permite a las grandes corporaciones tabacaleras ejercer presión legal para incrementar la comercialización de sus productos, situación que ha sido documentada en Singapur y Tailandia por MacKenzie y Collin.
De igual manera, Zeigler (2006) documenta que el acuerdo trips le ha permitido a la industria tabacalera y del alcohol obstaculizar políticas nacionales de salud pública en el área. La industria tabacalera ha reclamado sus derechos de propiedad intelectual para obstaculizar medidas regulatorias en Brasil, Tailandia y Canadá dirigidas a generar etiquetados en los paquetes de cigarrillo que no incluyan logos o diseños vinculados con las marcas. Así mismo, la industria argumenta que Tailandia y otros países han intentado violar estos derechos, al exigirles la lista de los ingredientes que contienen sus productos. Como se mencionó, los tratados comerciales son discutidos entre los representantes de los gobiernos, en escenarios donde no se permite la presencia del público o de periodistas y, por el contrario, los representantes de la industria transnacional del tabaco tienen la posibilidad de formular sus posiciones, sin que estén presentantes funcionarios de las autoridades sanitarias (Zeigler 2006).
Es claro, a partir de lo anterior, que los acuerdos comerciales internacionales amenazan la existencia de políticas antitabaco y restringen la posibilidad de nuevos controles. En muchas ocasiones, estos acuerdos comerciales son un poderoso mecanismo que utiliza la industria para hacer prevalecer sus intereses, sin ningún tipo de escrutinio público (Shaffer et al., 2005). Adicionalmente, son tratados que vinculan legalmente a los gobiernos, pero no a la industria. Debido a la naturaleza y propósitos de estos acuerdos comerciales, las regulaciones dirigidas a restringir el márquetin de productos que afectan negativamente la salud de las personas tienen poca posibilidad de ser implementadas, si no existe una sociedad civil suficientemente empoderada e institucionalizada (Zeigler, 2006).
Los tomadores de decisión y los actores que abogan por el derecho a la salud deben ser conscientes de que estas asociaciones que reclaman intereses nacionales o regionales, hacen parte de los esfuerzos coordinados de una confederación de compañías tabacaleras transnacionales que buscan proteger sus intereses económicos y minar los esfuerzos de acciones que se plantean desde la salud pública (McDaniel et al., 2008).”

* La Editorial Javeriana me ha autorizado compartir algunos extractos del libro.  

Referencias
Gómez LF. Democracia deliberativa y salud pública. Editorial Javeriana, 2017. https://www.jstor.org/stable/j.ctv86dg7w



No hay comentarios:

Publicar un comentario