Luis
Fernando Gómez Gutiérrez
En esta breve nota comparto
algunos párrafos del libro “Democracia deliberativa y salud pública” (Gómez,
2017), acerca de la teoría de la sociedad del riesgo de Ulrich Beck (Beck,
1998; Beck, 2009).
“Ulrich
Beck (1998) platea que el mundo ha sido siempre catastrófico. En la premodernidad
los culpables eran la naturaleza y las divinidades, pero se produjo el gran
cambio en la modernidad y los hombres comenzaron a ser los responsables de casi
todas las posibles catástrofes. Desde la segunda mitad del siglo XX fue cada
vez más notorio que el “progreso” técnico y económico derivado de la
industrialización comenzaba a ser eclipsado por la generación creciente de
riesgos, con impactos significativos en los ecosistemas y en la salud humana.
Los riesgos ya no están confinados a lugares específicos, sino que, por el
contrario, adquieren una escala global. En este sentido, Beck plantea que “en
la modernidad avanzada, la producción social de riqueza va acompañada
sistemáticamente por la producción social de riesgos” (Beck, 1998).
Por
otra parte, en la modernidad se institucionaliza la ciencia como un pilar
fundamental, atado al desarrollo industrial y tecnológico. En un primer
momento, la ciencia queda protegida de la duda metódica que la caracteriza en
el estrecho círculo de la comunidad científica. Sin embargo, la modernidad
reflexiva hace que el trabajo científico salga de su cascarón y comience a ser
objeto de cuestionamientos por parte de las sociedades humanas, quienes,
paradójicamente, dependen más de ella (Beck, 1998).
Beck
concibe el riesgo como escenificación de las catástrofes, pero esto no quiere
decir que tengamos certeza de lo que ocurrirá en el futuro. Sin embargo, la
percepción creciente de los riesgos globales y la anticipación de las
catástrofes generan circunstancias favorables para llegar a consensos sociales
y plantear acciones para evitarlas. En este sentido, Beck diferencia los conceptos de temor y miedo. El
temor está vinculado con la manera en que las personas reaccionan ante amenazas
directas e inmediatas. En el área de la salud correspondería, por ejemplo, a la
susceptibilidad percibida que tengan las personas con respecto al contagio de
enfermedades infecciosas que tienen periodos de incubación cortos. El temor
está más relacionado con intereses personales o de índole comunitaria (Beck, 2009).
Por el contrario, el miedo no está
vinculado a una amenaza física inminente, sino que en este se anticipa el
peligro a largo plazo a un grupo o a toda la humanidad, lo cual denomina Beck miedo
global. En este caso, no está presente una amenaza directa a la propia
existencia, sino una preocupación por el futuro de la especie. Esta es una
situación que brinda la posibilidad de generar discusiones éticas y morales que
pueden derivar en acciones políticas globales a muy largo plazo. Si bien en las
deliberaciones sociales y el discurso político el temor y el miedo se
entrelazan estrechamente, su distinción permite destacar la relevancia de
conectar acciones locales y globales en el área de la salud pública (Beck, 2009).
Los
riesgos globales, como el cambio climático global y sus efectos negativos para
la salud humana, no pueden ser enfrentados por una comunidad o en las fronteras
de los Estados modernos ni en escalas temporales vinculadas con la percepción
de riesgos inmediatos. Surge una preocupación creciente por sucesos que podrían
experimentar los descendientes de esta generación. Así mismo, las
circunstancias sociales de las personas que viven a miles de kilómetros
comienzan a importarnos, debido a las nuevas dependencias generadas por los
crecientes riesgos globales. En este sentido. Beck afirma que el “otro global”
está con nosotros, aunque no lo queramos y aunque se transforme en competidor
de nuestros empleos. Necesariamente, debemos acordar acciones con ese otro
global, si queremos enfrentar los riesgos globales (Beck, 2009).
Las
consecuencias inmediatas y a largo plazo de los riesgos globales abren la
posibilidad de que las sociedades logren consensos para enfrentar estos
desafíos por fuera de los territorios de los Estados. Esto, paradójicamente,
motiva a algunos gobiernos y a sus sociedades a generar nuevas barreras. Sin
embargo, el riesgo crece a medida que intentamos responder siempre con solo
respuestas de este tipo. Beck plantea que esto genera una situación
contradictoria, ya que se construyen nuevas barreras y se insiste en que lo
podemos resolver solos sin recurrir al otro global, al tiempo que crece
simultáneamente la idea de que necesitamos nuevas formas de fusión social y de
prácticas sociales por parte de toda la humanidad, para dar respuesta a estos
desafíos (Beck, 2009).“
Referencias
Beck, U.
(1998). La sociedad del riesgo. Hacia una nueva modernidad. Barcelona: Paidós.
Beck, U. (2009). World at
risk. Cambridge: Polity Press.
Gómez LF. Democracia
deliberativa y salud pública. Editorial Javeriana, 2017. https://www.jstor.org/stable/j.ctv86dg7w
No hay comentarios:
Publicar un comentario