domingo, 17 de febrero de 2019

Sociedad del riesgo global y salud


Luis Fernando Gómez Gutiérrez

En esta breve nota comparto algunos párrafos del libro “Democracia deliberativa y salud pública” (Gómez, 2017), acerca de la teoría de la sociedad del riesgo de Ulrich Beck (Beck, 1998; Beck, 2009).
“Ulrich Beck (1998) platea que el mundo ha sido siempre catastrófico. En la premodernidad los culpables eran la naturaleza y las divinidades, pero se produjo el gran cambio en la modernidad y los hombres comenzaron a ser los responsables de casi todas las posibles catástrofes. Desde la segunda mitad del siglo XX fue cada vez más notorio que el “progreso” técnico y económico derivado de la industrialización comenzaba a ser eclipsado por la generación creciente de riesgos, con impactos significativos en los ecosistemas y en la salud humana. Los riesgos ya no están confinados a lugares específicos, sino que, por el contrario, adquieren una escala global. En este sentido, Beck plantea que “en la modernidad avanzada, la producción social de riqueza va acompañada sistemáticamente por la producción social de riesgos” (Beck, 1998).
Por otra parte, en la modernidad se institucionaliza la ciencia como un pilar fundamental, atado al desarrollo industrial y tecnológico. En un primer momento, la ciencia queda protegida de la duda metódica que la caracteriza en el estrecho círculo de la comunidad científica. Sin embargo, la modernidad reflexiva hace que el trabajo científico salga de su cascarón y comience a ser objeto de cuestionamientos por parte de las sociedades humanas, quienes, paradójicamente, dependen más de ella (Beck, 1998).
Beck concibe el riesgo como escenificación de las catástrofes, pero esto no quiere decir que tengamos certeza de lo que ocurrirá en el futuro. Sin embargo, la percepción creciente de los riesgos globales y la anticipación de las catástrofes generan circunstancias favorables para llegar a consensos sociales y plantear acciones para evitarlas. En este sentido, Beck  diferencia los conceptos de temor y miedo. El temor está vinculado con la manera en que las personas reaccionan ante amenazas directas e inmediatas. En el área de la salud correspondería, por ejemplo, a la susceptibilidad percibida que tengan las personas con respecto al contagio de enfermedades infecciosas que tienen periodos de incubación cortos. El temor está más relacionado con intereses personales o de índole comunitaria (Beck, 2009).
Por el contrario, el miedo no está vinculado a una amenaza física inminente, sino que en este se anticipa el peligro a largo plazo a un grupo o a toda la humanidad, lo cual denomina Beck miedo global. En este caso, no está presente una amenaza directa a la propia existencia, sino una preocupación por el futuro de la especie. Esta es una situación que brinda la posibilidad de generar discusiones éticas y morales que pueden derivar en acciones políticas globales a muy largo plazo. Si bien en las deliberaciones sociales y el discurso político el temor y el miedo se entrelazan estrechamente, su distinción permite destacar la relevancia de conectar acciones locales y globales en el área de la salud pública (Beck, 2009).
Los riesgos globales, como el cambio climático global y sus efectos negativos para la salud humana, no pueden ser enfrentados por una comunidad o en las fronteras de los Estados modernos ni en escalas temporales vinculadas con la percepción de riesgos inmediatos. Surge una preocupación creciente por sucesos que podrían experimentar los descendientes de esta generación. Así mismo, las circunstancias sociales de las personas que viven a miles de kilómetros comienzan a importarnos, debido a las nuevas dependencias generadas por los crecientes riesgos globales. En este sentido. Beck afirma que el “otro global” está con nosotros, aunque no lo queramos y aunque se transforme en competidor de nuestros empleos. Necesariamente, debemos acordar acciones con ese otro global, si queremos enfrentar los riesgos globales (Beck, 2009).
Las consecuencias inmediatas y a largo plazo de los riesgos globales abren la posibilidad de que las sociedades logren consensos para enfrentar estos desafíos por fuera de los territorios de los Estados. Esto, paradójicamente, motiva a algunos gobiernos y a sus sociedades a generar nuevas barreras. Sin embargo, el riesgo crece a medida que intentamos responder siempre con solo respuestas de este tipo. Beck plantea que esto genera una situación contradictoria, ya que se construyen nuevas barreras y se insiste en que lo podemos resolver solos sin recurrir al otro global, al tiempo que crece simultáneamente la idea de que necesitamos nuevas formas de fusión social y de prácticas sociales por parte de toda la humanidad, para dar respuesta a estos desafíos (Beck, 2009).“

Referencias
Beck, U. (1998). La sociedad del riesgo. Hacia una nueva modernidad. Barcelona: Paidós.
Beck, U. (2009). World at risk. Cambridge: Polity Press.
Gómez LF. Democracia deliberativa y salud pública. Editorial Javeriana, 2017. https://www.jstor.org/stable/j.ctv86dg7w

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