Actividad
física y bienestar humano: un vínculo fundamental que no siempre está presente
en las ciudades latinoamericanas
Luis Fernando Gómez
Los tipos de abordajes teóricos o la ausencia de estos, no solo
tienen implicaciones en la manera en que se entienden y explican los vínculos
entre ambientes urbanos, actividad física y salud; sino además, en las acciones
concretas que se plantean para disminuir las inequidades sociales y
ambientales. En un estudio realizado en Brisbane (Australia), Turrel et al
encontraron que las personas que residían en barrios pobres tenían una mayor
posibilidad de caminar como medio de transporte; hallazgo que estaba vinculado
con la existencia de atributos urbanos que propiciaban el transporte activo
(mayor conectividad y mayor diversidad de usos del suelo en el espacio urbano)
y con restricciones económicas que les impedían adquirir vehículos
automotores.(1) Los autores concluyen que los altos niveles de caminata
encontrados en esta población podrían ayudar a compensar los efectos negativos
de otros patrones de comportamiento no saludables, como tabaco y alimentación no
saludable, reduciendo de esta manera, las inequidades derivadas de enfermedades
crónicas.(1)
Si bien este artículo tiene elementos valiosos, la conclusión que plantea me genera gran inquietud. Estupendo que las personas sean físicamente activas; pero hasta qué punto es deseable que lo sean como consecuencia de las pobres condiciones sociales en que viven? Esta situación es particularmente preocupante en los contextos urbanos latinoamericanos, en donde millones de personas están abocadas a vivir en barrios denominados “informales”, caracterizados no solo por la mala calidad de la vivienda, sino además, por la escaza o nula disponibilidad de equipamientos urbanos vinculados con la actividad física recreativa.(2) Estos asentamientos humanos quedan usualmente ubicados en las periferias de las ciudades y a grandes distancias de destinos utilitarios. Adicionalmente, los sistemas de transporte público suelen tener importantes deficiencias en estos sitios; y si existen, muchos de los residentes no tienen los recursos económicos para utilizarlos.(3) Las consecuencias de este contexto social en términos de movimiento corporal pueden ser aparentemente paradójicas: altos niveles de caminata relacionada con desplazamientos urbanos y una bajas proporciones de actividad física recreativa o en tiempo libre.(4) En este contexto, la actividad física podría estar, contrario a lo que siempre nos han mencionado, negativamente asociada con la calidad de vida. Esta hipótesis parecer estar corroborada en un estudio que publicamos recientemente, en el cual encontramos que caminar como medio de transporte estaba vinculado negativamente con calidad de vida relacionado con salud en mujeres caleñas de estratos socioeconómicos bajo y medio-bajo.(4) Por el contrario, y como es de esperar, la actividad física recreativa incrementaba la percepción de calidad de vida.(5)
No es una sorpresa que caminar o utilizar bicicleta en condiciones de pobreza y en un ambiente urbano hostil afecte negativamente nuestro bienestar. Lo sorprendente es que existan académicos con visiones ingenuas o marcos teóricos poco robustos que idealicen cualquier movimiento corporal, sin que esté vinculado con el desarrollo humano.
En un escenario de crecimiento económico, muchos de los ciclistas y caminantes de nuestras caóticas ciudades tendrán la tentación adquirir una moto o un pequeño carro para desplazarse hasta sus sitios de trabajo o destinos utilitarios. Si en la región no se disminuyen significativamente las brechas sociales y no se generan las transformaciones que permitan que las ciudades sean más vivibles para las personas de a pie y que utilizan bicicleta, nos espera una pesadilla urbana algo peor de la que ya estamos experimentando: paisajes urbanos invadidos por vehículos automotores; además de mucho ruido, hollín y gente refugiada en sus casas y apartamentos.
Si bien este artículo tiene elementos valiosos, la conclusión que plantea me genera gran inquietud. Estupendo que las personas sean físicamente activas; pero hasta qué punto es deseable que lo sean como consecuencia de las pobres condiciones sociales en que viven? Esta situación es particularmente preocupante en los contextos urbanos latinoamericanos, en donde millones de personas están abocadas a vivir en barrios denominados “informales”, caracterizados no solo por la mala calidad de la vivienda, sino además, por la escaza o nula disponibilidad de equipamientos urbanos vinculados con la actividad física recreativa.(2) Estos asentamientos humanos quedan usualmente ubicados en las periferias de las ciudades y a grandes distancias de destinos utilitarios. Adicionalmente, los sistemas de transporte público suelen tener importantes deficiencias en estos sitios; y si existen, muchos de los residentes no tienen los recursos económicos para utilizarlos.(3) Las consecuencias de este contexto social en términos de movimiento corporal pueden ser aparentemente paradójicas: altos niveles de caminata relacionada con desplazamientos urbanos y una bajas proporciones de actividad física recreativa o en tiempo libre.(4) En este contexto, la actividad física podría estar, contrario a lo que siempre nos han mencionado, negativamente asociada con la calidad de vida. Esta hipótesis parecer estar corroborada en un estudio que publicamos recientemente, en el cual encontramos que caminar como medio de transporte estaba vinculado negativamente con calidad de vida relacionado con salud en mujeres caleñas de estratos socioeconómicos bajo y medio-bajo.(4) Por el contrario, y como es de esperar, la actividad física recreativa incrementaba la percepción de calidad de vida.(5)
No es una sorpresa que caminar o utilizar bicicleta en condiciones de pobreza y en un ambiente urbano hostil afecte negativamente nuestro bienestar. Lo sorprendente es que existan académicos con visiones ingenuas o marcos teóricos poco robustos que idealicen cualquier movimiento corporal, sin que esté vinculado con el desarrollo humano.
En un escenario de crecimiento económico, muchos de los ciclistas y caminantes de nuestras caóticas ciudades tendrán la tentación adquirir una moto o un pequeño carro para desplazarse hasta sus sitios de trabajo o destinos utilitarios. Si en la región no se disminuyen significativamente las brechas sociales y no se generan las transformaciones que permitan que las ciudades sean más vivibles para las personas de a pie y que utilizan bicicleta, nos espera una pesadilla urbana algo peor de la que ya estamos experimentando: paisajes urbanos invadidos por vehículos automotores; además de mucho ruido, hollín y gente refugiada en sus casas y apartamentos.
Referencias
1. Turrell G, Haynes M, Wilson LA,
Giles-Corti B. Can the built environment reduce health inequalities? A study of
neighbourhood socioeconomic disadvantage and walking for transport. Health Place. 2013;19:89-98.
2. Sabatini F. La segregación social del espacio en las ciudades
de América Latina. Banco Interamericano de Desarrollo. 2003.
3. ONU-HABITAT. Estado de las ciudades de América Latina y el Caribe 2012. Rumbo a una nueva transición urbana. Nairobi. 2012.
4. ICBF. Encuesta Nacional de la Situación Nutricional en Colombia, 2010. Bogotá, Colombia: Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF); 2010.
5. Gómez LF, Moreno J, Gómez OL, Carvajal R, Parra DC. Physical activity and health-related quality of life among adult women in Cali, Colombia: a cross-sectional study. Qual Life Res. 2013 [Epub ahead of print]
3. ONU-HABITAT. Estado de las ciudades de América Latina y el Caribe 2012. Rumbo a una nueva transición urbana. Nairobi. 2012.
4. ICBF. Encuesta Nacional de la Situación Nutricional en Colombia, 2010. Bogotá, Colombia: Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF); 2010.
5. Gómez LF, Moreno J, Gómez OL, Carvajal R, Parra DC. Physical activity and health-related quality of life among adult women in Cali, Colombia: a cross-sectional study. Qual Life Res. 2013 [Epub ahead of print]
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