Yo te
apoyo y a cambio guardas silencio: Cómo la industria de alimentos y bebidas
está fragmentando las agendas de salud pública en Colombia y América Latina
Luis Fernando Gómez. MD, MPH.
La evidencia es cada vez más contundente: el consumo habitual de
bebidas azucaradas está claramente vinculado con la aparición de sobrepeso y
obesidad y otras enfermedades crónicas, como la diabetes mellitus tipo 2.(1,2)
Me atrevería a afirmar con suficientes argumentos, que esta evidencia es
ampliamente aceptada por la comunidad científica y es rechazada
principalmente por algunos investigadores que tienen claros conflictos de
intereses debido a que han recibido apoyo de esta industria.
En Colombia, las bebidas azucaradas comprenden marcas de bebidas
gaseosas como Coca Cola, Pepsi, BigCola y Postobón, además de otros refrescos
que se publicitan como “saludables”, entre las que se pueden mencionar: jugos
Hit, jugos Del Valle y Nesquick, para mencionar solo unos pocos.
Los hechos son tozudos y varios países han emprendido acciones
para controlar la industria de las bebidas azucaradas. Es así como un gran
número de centros educativos públicos y privados en Estados Unidos y Europa,
han restringido la oferta de bebidas gaseosas y de refrescos con azucares
agregados.(3) Estás y otras medidas están posiblemente cosechando sus primeros
resultados, debido a que se comienza a observar una disminución en las
prevalencias de obesidad en niños y niñas que residen en algunos centros
urbanos de ese país.(4)
Teniendo en cuenta este ambiente desfavorable para la industria de
bebidas azucaradas, no es sorprendente encontrar un descenso significativo en
el consumo de sus productos en países desarrollados.(5) Ante esta situación,
Coca Cola, Nestle, Pepsico, entre otras multinacionales, han comenzado a
focalizar sus inversiones en países de bajos y medianos ingresos como Colombia,
en donde encuentran un contexto favorable para sus intereses corporativos. La
principal víctima de esta situación es la población infantil que es utilizada
de una manera descarada e irresponsable en sus estrategias de márquetin. Aunado
a esta situación, la industria ha contactado a algunos investigadores, profesionales
clínicos y personas que trabajan en salud pública en Colombia y América Latina
para que lleven a cabo proyectos en el área de actividad física y alimentación
saludable.(6)
Recibir dinero y apoyo de la industria de bebidas azucaradas no es
“parte de la solución”; sino por el contrario, parte del serio y desafiante
problema de las enfermedades crónicas. Una vez se acepta la financiación, las
instituciones o centros de investigación comienzan a estar poco dispuestos a
expresar posiciones independientes con respecto a medidas que afecten los
intereses comerciales de la industria. Para ilustrar esta situación, es útil
recordar como una institución tan prestigiosa como Save the Children en Estados
Unidos abogaba hasta hace poco por una legislación que incrementará los
impuestos de las bebidas azucaradas, como una medida efectiva para disminuir su
consumo en la población infantil.(7) En 2010 esta entidad aceptó una donación
millonaria por parte de Pepsico, lo cual generó un cambio en su posición;
pasando de un activismo comprometido a un silencio complaciente.(7) Las
consecuencias de este hecho fueron desafortunadas para la salud pública,
debido a que se perdió un aliado con gran influencia en la opinión pública y
posiblemente retrasó el proceso político que se estaba planteando al respecto.
Como ejemplo contrapuesto, vale la pena mencionar como las
sociedades científicas colombianas en el año 2009, particularmente la Sociedad
Colombiana de Neomología y Cirugía de Tórax, tuvieron posiciones valientes en
contra de la industria de tabaco y jugaron un papel muy relevante en respaldar
medidas regulatorias para desestimular el consumo de cigarrillo y que derivaron
en ley 1335 de 2009. A partir de este antecedente y teniendo en cuenta el
creciente problema de obesidad y enfermedades crónicas que vive Colombia, se
hace perentorio realizar un urgente llamado a todos los actores sociales
involucrados en la promoción de la actividad física y la alimentación
saludable, para que asuman una posición crítica frente a la industria de
bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados.
Nota final: En futuros comentarios abordaré el tema de los
intereses corporativos de la industria de automóviles y motos y sus
consecuencias negativas en la actividad física.
Referencias
1- Malik V, Fu FB. Sweeteners and Risk of Obesity and Type 2
Diabetes: The Role of Sugar-Sweetened Beverages. Curr Diab Rep (2012)
12:195–203
2. Te Morenga L, Mallard S, Mann J.
Dietary sugars and body weight: systematic review and meta-analyses of
randomised controlled trials and cohort studies. BMJ
2012;345:e7492
3. Long M, Henderson K, Schwartz M. Evaluating the Impact of a
Connecticut Program to Reduce Availability of Unhealthy Competitive Food in
Schools. J Sch Health. 2010; 80: 478-486.
4. Robert Wood Johnson Foundation. Health policy snapshot.
Childhood obesity. Declining childhood obesity rates—where are we seeing the
most progress? Issue brief. September 2012
5. Stuckler D, Nestle M. Big Food,
Food Systems, and Global Health. PLOS Medicine. 2012;9: e1001242.
6. Gómez LF, Jacoby E, Ibarra L,
Lucumí D, Hernandez A, Parra D, Florindo A, Hallal P. Sponsorship of physical
activity programs by the sweetened beverages industry: public health or public
relations? Rev Saúde Pública. 2011;45(2)
7. Newman W. Save the Children Breaks With Soda Tax effort. New
York Times. 2010. http://www.nytimes.com/2010/12/15/business/15soda.html?_r=0
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