lunes, 15 de junio de 2015

Intereses corporativos y salud pública: es la hora de incluir a la industria automotriz en la lista.

Luis Fernando Gómez
En el contexto de un mundo cada vez más globalizado, el comercio de mercancías como el tabaco, bebidas azucaradas, alimentos ultra-procesados y alcohol, ha tenido un incremento exponencial en los últimos años en economías de bajos y medianos ingresos.(1) En estos mismos países, y de manera casi simultánea, la obesidad y otros padecimientos crónicos, como la diabetes, enfermedades cardiovasculares y cáncer, comienzan a ser las principales causas de muerte y discapacidad.(2) Esta situación contrasta con la de los países denominados desarrollados, en donde se observa una tendencia estática e incluso descendente de la venta de estos productos; explicada en parte por la saturación del mercado, las crecientes regulaciones gubernamentales y los debates públicos acerca de los efectos negativos para la salud.(2) Estos planteamientos, que son expuestos en un inspirador artículo publicado recientemente en la revista The Lancet,(1) sugieren que los mayores determinantes de las enfermedades crónicas no-transmisibles están vinculados con la existencia de un modelo económico cuya prioridad es el consumo compulsivo y no el bienestar humano.
Los autores del artículo mencionan que mientras existe un consenso acerca de la inconveniencia de establecer vínculos entre la industria de tabaco y la salud pública, lo mismo no se ha dado con respecto a bebidas y alimentos ultra-procesados y alcohol.(1) Son numerosos los ejemplos en América Latina, de alianzas entre gobiernos, centros académicos y sectores de la industria de bebidas azucaradas como Coca Cola, para llevar a cabo programas o investigaciones en el área de la actividad física.(3) Como lo planteé en una pasada nota, estas alianzas fragmentan las iniciativas de salud pública dirigidas a enfrentar el problema de las enfermedades crónicas.(4)
A partir de este preámbulo, deseo plantear un análisis preliminar acerca de la necesidad de incluir en la lista a un sector de la industria automotriz, que centra sus esfuerzos en promocionar la venta de vehículos particulares y motos. Para tal propósito, vale la pena brindar un brevísimo marco histórico de algunos aspectos que explicarían los altos niveles de motorización en países de altos ingresos como Estados Unidos.
Previo a la segunda guerra mundial, la mayoría de los ciudadanos del gigante económico del norte se desplazaban a las ciudades caminando, utilizando bicicleta o transporte público. (5,6) Con el crecimiento económico de la postguerra, la penetración del mercado de los vehículos privados fue muy notoria y estuvo acompañado de una acelerada expansión urbana.(5,6) El resto de la historia es bien conocida:: más de la mitad de los residentes de Estados Unidos viven en suburbios y el promedio de vehículos por hogar es de aproximadamente 1,92.(7,8) Algunos investigadores sociales consideran que este cambio abrupto en los procesos de urbanización, se debió principalmente a las alianzas entre la industria automotriz e inmobiliaria, con la anuencia de un influyente sector político.(9)
Si bien, en América Latina la mayoría de los desplazamientos urbanos se realizan en transporte público o a pie, se observa desde los últimos 10 años un incremento significativo en las ventas de carros y motos.(10) Esta tendencia puede ser explicada por diversos factores estructurales que van más allá de las “preferencias personales” o “estilos de vida”, entre los que se destacan la expansión urbana de las ciudades latinoamericanas, la deficiencia de los sistemas de transporte público, las estrategias de márquetin de la industria automotriz dirigidas a incrementar el valor simbólico de sus productos e incentivos comerciales y económicos de diverso tipo.
La creciente motorización de las ciudades latinoamericanas tiene consecuencias negativas en la salud poblacional. En primer término, las personas que utilizan carros o motos, a menudo están expuestas a prolongados tiempos de desplazamiento que derivan en inactividad física y en un incremento significativo en la aparición de obesidad y de diversas enfermedades crónicas.(11,12) Adicionalmente, este estrecho vinculo entre los vehículos automotores y la inactividad física, no solo afecta al conductor y a los ocupantes, sino además, a los residentes de un lugar. Es desafortunado constatar, como los carros y motos invaden con frecuencia el espacio público, limitando la circulación de caminantes y usuarios de bicicleta. Por otra parte, independientemente de los avances tecnológicos de la industria automotriz, que le han permitido generar vehículos con mayor eficiencia ambiental y energética, el creciente volumen de tráfico afecta la movilidad urbana y deterioran la calidad del aire,  al incrementar la frecuencia de paradas y arranques, con el consecuente efecto en la salud respiratoria y cardiovascular de las personas.(13)
Las crecientes críticas a la industria automotriz son formuladas principalmente, por líderes y organizaciones ambientalistas. Surge la posibilidad de que actores sociales involucrados en la defensa de la salud pública en América Latina, participen de una manera más activa en esta discusión y comiencen a realizar investigaciones que nos ayuden a documentar y a entender este desafío.
*Agradecimientos especiales al profesor Nestor Rojas de la Universidad Nacional de Colombia, quien brindó valiosos comentarios y recomendaciones relacionados con el tema de calidad del aire.
Referencias
1) Moodie R, Stuckler D, Monteiro C, Sheron N, Neal B, Thamarangsi T, Lincoln P, Casswell S. Profits and pandemics: prevention of harmful effects of tobacco, alcohol, and ultra-processed food and drink industries. Lancet 2013; 381: 670–79.
2) Stuckler D, McKee M, Ebrahim S, Basu S. Manufacturing Epidemics: The Role of Global Producers in Increased Consumption of Unhealthy Commodities Including Processed Foods, Alcohol, and Tobacco. PLoS Medicine 2012; 9: e1001235
3) Gómez LF, Jacoby E, Ibarra L, Lucumí D, Hernandez A, Parra D, Florindo A, Hallal P. Sponsorship of physical activity programs by the sweetened beverages industry: public health or public relations?
Rev Saúde Pública. 2011;45(2)
4) Gómez LF. Yo te apoyo y a cambio guardas silencio: Cómo la industria de alimentos y bebidas está fragmentando las agendas de salud pública en Colombia y América Latina. 2013 http://www.haygatoencerrado.com/?p=75
5) Frank, LD., Engelke, PE Schmid, TL. Health and Community Design: The Impacts of the Built Environment on Physical Activity, Island Press – Spring 2003.
6) Condon P. Seven rules for sustainable communities, Island Press – Spring 2010.
7) Watterberg B. The first measure century. PBS. (Revisado el 1 de febrero de 2013) Disponible en: http://www.pbs.org/fmc/book/1population6.htm
8)USDepartment of Energy. Fact #618: April 12, 2010 Vehicles per Household and Other Demographic Statistics. (Revisado el 1 de febrero de 2013) Disponible en: http://www1.eere.energy.gov/vehiclesandfuels/facts/2010_fotw618.html

9) St. Clair DJ Entrepreneurship and the American Automobile Industry. The Journal of Economic History. 1980; 40(1):177-179.
10) ONU-HABITAT. Estado de las ciudades de América Latina y el Caribe 2012. Rumbo a una nueva transición urbana. Nairobi. 2012.
11) Parra D, Lobelo F, Gomez LF, Rutt C, Schmid T, Brownson RC, Pratt M. Household Motor vehicle use and weight status among Colombian Adults: Are we driving our way towards obesity? Preventive Medicine. 2009;49:179-183.
12) Pregonero A, Gómez LF, Parra D, Cohen D, Lobelo F. Time spent traveling in motor vehicles and its association with overweight and abdominal obesity in Colombian adults. Prevetive Medicine. 2012;54(6):402-4.
13) de Nazelle A, Nieuwenhuijsen MJ, Antó JM, Brauer M. Improving health through policies that promote active travel: A review of evidence to support integrated health impact assessment.
Environment International. 2011; 37:766–777

No hay comentarios:

Publicar un comentario