lunes, 15 de junio de 2015

Ciudad segregada, ciudad enferma. Expansión urbana depredadora en Manizales y sus efectos negativos en salud.

Luis Fernando Gómez Gutiérrez.

Mi afecto hacia Manizales es muy profundo. Allí nací y compartí entrañables momentos con familiares y amigos. El talante de sus habitantes, los grandes contrastes de su topografía y los paisajes que la rodean, la hacen una ciudad muy especial. Como asiduo caminante, puedo afirmar que Manizales es una ciudad que permanentemente brinda sorpresas a aquellos que disfrutamos los laberintos urbanos.     

Desafortunadamente Manizales (y aquí incluyo al municipio vecino de Villamaría), al igual que muchas ciudades latinoamericanas, ha tenido en las últimas décadas un proceso de urbanización que está fragmentando su tejido social, con serias consecuencias para la salud y bienestar de sus habitantes. Está afirmación que para algunos podrá parecer exagerada, e incluso irresponsable, está soportada en varios hechos que han ocurrido en la configuración urbana de la ciudad desde hace 15 años. Expondré en las siguientes líneas, la manera en que la expansión urbana descontrolada de la ciudad en áreas suburbiales, puede estar incrementando el riesgo de enfermedades cardiovasculares, enfermedades respiratorias crónicas y diversos trastornos mentales. En este comentario, se entenderá el término suburbio como una zona residencial ubicada en la periferia urbana, independiente de la posición socio-económica de sus habitantes. Esta acepción es diferente a aquella que circunscribe este término a los barrios pobres que están ubicados en las afueras de las ciudades.

En los últimos años, se ha presentado un crecimiento explosivo de los suburbios en Manizales, a expensas, principalmente, de barrios de estratos medio y medio-alto. Los sectores ubicados en la avenida Alberto Mendoza (via entre el Batallón y La Enea) y en La Florida (municipio de Villamaria), ejemplifican está situación. Allí se están construyendo varios conjuntos cerrados, entre los que se destaca “Florida del Campo”, el cual cuenta con hermosos paisajes y comprende casas unifamiliares con extensas áreas verdes y equipamientos de diferente tipo para sus residentes. Este escenario, aparentemente paradisiaco, esconde una situación muy negativa que atenta contra la salud y el bienestar de los manizaleños. La retícula espacial del conjunto es muy similar a la de un suburbio americano: ausencia de andenes, pobre conectividad entre los bloques de casas y presencia de callejones sin salida. La entrada del conjunto está diseñada exclusivamente para el acceso a vehículos automotores. Los espacios públicos alrededor de este y otros conjuntos residenciales del sector son muy reducidos y se limitan, a lo que yo denominaría, carreteras de acceso, con un estrechísimo andén a un lado de la vía. En resumen, es un contexto urbano en donde el carro particular es el rey y los peatones y ciclistas no existen.  Estos atributos urbanos se encuentran en todos los conjuntos de estos sectores, entre los que se destacan San Marcel y Bosques del Trébol (Consultar los siguientes vínculos: http://cfcconstrucciones.com.co/venta/casas-manizales-terranova/ http://constructoramanizales.com/conjunto-cerrado-san-marcel/conjunto-cerrado-san-marcel/).

Debido a que la movilidad de los residentes de estos sectores depende completamente de los vehículos particulares, no es de extrañar que se presenten congestiones viales, con el consecuente incremento en el tiempo de los recorridos (Mejía B, 2014). Esta situación se agravará a un más, cuando se consolide la ocupación de los conjuntos residenciales.
Un caso diferente a lo expuesto, pero igualmente negativo para la ciudad, es el que se presenta en la Ciudadela del Norte, la cual ha sido habitada por personas de bajo estrato socioeconómico que residían originalmente en la comuna de San José y que fueron reubicadas, como parte de un proyecto de renovación urbana liderado por la alcaldía de Manizales. En una investigación llevada a cabo por Noguera y Gómez, se encontró que esta intervención urbana, ha afectado negativamente los vínculos que tenían las personas con el contexto que habitaban y ha deteriorado significativamente las actividades económicas que desarrollaban en el centro de la ciudad (Noguera, Gómez, 2013). El deterioro social que ha vivido está comunidad en los últimos años, evoca la situación que se presentó en el distrito urbano de Pruitt-Igoe en Saint Louis, Missouri en los años 1960s y que tristemente se transformó en un caso paradigmático de segregación urbana, crimen y pobreza.

Además de estar ubicados en la periferia urbana, se identifica un aspecto básico que comparten los barrios de Manizales que he incluido en este comentario: cada uno de ellos es homogéneo con respecto a la posición socio-económica de sus residentes. Recabaré un poco acerca de este tema en párrafos posteriores.

¿Qué consecuencias tienen los procesos de urbanización antes expuestos en la salud y bienestar de los manizaleños? En primer término, las personas que residen en un barrio como Florida del Campo, realizan, muy probablemente, menos actividad física relacionada con desplazamientos urbanos, con respecto a los que viven en el casco urbano de Manizales. Numerosos estudios realizados en Norte América y Australia, han encontrado una asociación negativa entre vivir en suburbios y caminar o utilizar bicicleta como medio de transporte (McCormack et al, 2011). Adicionalmente, las personas que se desplazan en vehículos automotores, tienen un mayor riesgo de padecer obesidad, debido a que tienden a permanecer largos periodos de tiempo sentados y caminan menos con respecto a los que utilizan transporte público; situación, que a su vez, disminuye considerablemente el gasto de energía derivado de la actividad física (Frank et al 2004). En un estudio que publicamos en 2009, encontramos que los adultos colombianos que poseen carro particular tienen, en promedio, una probabilidad 80% mayor de padecer obesidad abdominal (Parra et al, 2009). La inactividad física y la obesidad, a su vez, incrementan el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, diabetes mellitus y algunos tipos de cáncer como colón y seno (Jeon et al, 2007).

Los efectos de este patrón de urbanización también tienen efectos en la calidad del aire que respiran los manizaleños. La proliferación de vehículos automotores va de la mano con un incremento de material particulado (pequeñas partículas que llegan a los bronquiolos y alveolos) y dióxido de nitrógeno, entre otros contaminantes, los cuales están positivamente relacionados con una mayor frecuencia de enfermedades respiratorias crónicas en niños y personas de tercera edad, así como con muerte súbita por infartos del corazón y cáncer del pulmón (Mustafic et al, 2012).    

Finalmente, y quizá una de las mayores consecuencias sociales del crecimiento de las áreas suburbiales alrededor de Manizales, es el incremento de la segregación socio-espacial. Si bien los asentamientos urbanos establecidos desde la colonización antioqueña, presentan una clara jerarquización social en la distribución espacial de las áreas residenciales, la apropiación social del espacio público es, desde mi perspectiva, más democrática e incluyente en los municipios pequeños de la región, con respecto a lo que se observa actualmente en Manizales, Pereira o Armenia. Un ejemplo concreto de esta situación se presenta en el casco urbano de Salamina (Caldas), en donde personas de diferentes estratos sociales comparten sitios de esparcimiento como el parque Bolívar, así como lugares de alta actividad comercial como la plaza de mercado*. Esta interacción social entre personas de diferentes condiciones sociales se está perdiendo en Manizales. No tengo cifras al respecto, pero es algo que percibo con mayor fuerza cada vez que visito el centro de la ciudad. Las personas de clase media están dejando de adquirir productos en la plaza de mercado y frecuentan, cada vez menos, los establecimientos y las cafeterías ubicadas alrededor de los parques Caldas y Bolívar.     

Diversos estudios en el área de la salud pública sugieren que las personas que viven en barrios en donde se concentra la pobreza (es decir, pobres que solo viven con otros pobres) tienen una mayor frecuencia de trastornos mentales, como depresión y trastornos de ansiedad (Hong et al, 2014; Fone et al, 2007; Leventhal et al, 2003; Kubzansky; Galea, 2007). Esta evidencia tiene diversas explicaciones. En primer término, las personas que viven en barrios pobres, están expuestos, con mayor frecuencia, a experiencias traumáticas relacionadas con violencia interpersonal y a menores oportunidades de empleos dignos. Adicionalmente, vivir en áreas urbanas en las que se concentra la pobreza, puede limitar el acceso a equipamientos recreativos y a diversos recursos de soporte social (Galea, 2007). Por el contrario, un buen número de estudios de sociología urbana llevados a cabo en América Latina, han encontrado que la diversidad de clases sociales en un espacio geográfico, revitaliza la economía y brinda la posibilidad de que muchas personas salgan de la pobreza y se integren al tejido social (Sabatini, 2003). Adicionalmente, y este punto es especialmente relevante para mí como caminante urbano, la mezcla de clases sociales enriquece culturalmente los territorios urbanos, recuperando su autenticidad y valor simbólico.   

Mis planteamientos podrán parecer ingenuos para algunas personas. Se podría argumentar que estos son los costos que debe pagar una sociedad en su camino al “progreso”. El patrón del suburbio norteamericano con sus grandes autopistas, casas unifamiliares y carros particulares, sigue siendo asumido, en muchas ciudades latinoamericanas, como la única opción para lograr el supuesto desarrollo urbano. Sin embargo, ya hay cifras que indican que las sociedades estadunidense y canadiense están abandonando, poco a poco, los suburbios para retornar a las ciudades (Florida R et al, 2012; Jaffe E et al, 2013; Karlenzig W et al, 2012). Los norteamericanos se han dado cuenta que el suburbio está atentando contra su salud y calidad de vida y es, además, ambientalmente insostenible. Una luz de esperanza surge en los numerosos movimientos de la sociedad que se han conformado en Colombia y América Latina, alrededor de procesos de urbanización sostenibles y que involucran la participación activa de los ciudadanos. No es volver al pasado, se trata de reinventar la ciudad en la que acordemos vivir, no la que establece la industria inmobiliaria. 

*Resulta ilustrativo leer la novela La Oculta de Héctor Abad Faciolince, la cual describe el proceso de fundación del municipio antioqueño de Jericó (Abad-Faciolince, 2014).  

Referencias

Florida R. The end of sprawl? The Atlantic Cities. April. 2012. http://www.theatlanticcities.com/housing/2012/04/end-sprawl/1692/
Fone D, Dunstan F, Williams G, Lloyd K, Palmer S. Places, people and mental health: A multilevel analysis of economic inactivity. Social Science & Medicine. 2007; 64: 633-645.
Frank, L.D., Andresen, M.A., Schmid, T.L. Obesity relationships with community design, physical activity, and time spent in cars. Am. J. Prev. Med. 2004;27: 87–96.
Galea S, Ahren J, Nandi A, Tracy M, Beard J, Vlahov D. Urban Neighborhood Poverty and the Incidence of Depression in a Population-Based Cohort Study. Ann Epidemiol. 2007; 17: 171–179.
Hong S, Zhang W, Walto E. Neighborhoods and mental health: Exploring ethnic density, poverty, and social cohesion among Asian Americans and Latinos. Social Science & Medicine. 2014; 111: 117-124.
Jaffe E. After decades of sprawl, density comes to Denver. March 2013. http://www.theatlanticcities.com/commute/2013/03/after-decades-sprawl-density-comes-denver/5088/
Jeon, C. Y., Lokken, R. P., Hu, F. B., & van Dam, R. M. Physical activity of moderate intensity and risk of type 2 diabetes: a systematic review. Diabetes Care. 2007; 30: 744-752.
Karlenzig W. Census and experts confirm the death of sprawl in US. April 2012. http://sustainablecitiescollective.com/commoncurrent/38937/census-and-experts-confirm-death-sprawl-us
Kubzansky LD, Subramanian SV, Kawachi I, Fay ME, Soobader M, Berkman LF. Neighborhood Contextual Influences on Depressive Symptoms in the Elderly. Am J Epidemiol 2005;162:253–260.
Leventhal T, Brooks-Gunn J. Moving to opportunity: An experimental study of neighborhood effects on mental health. Am J Public Health. 2003;93:1576–1582.
McCormack, G. R., & Shiell, A. In search of causality: a systematic review of the relationship between the built environment and physical activity among adults. Int J Behav Nutr Phys Act. 2011; 8, 125.
Mejía B. Glorieta San Marcel. La Patria. Septiembre 22 de 2014. Disponible en: http://www.lapatria.com/columnas/31/glorieta-san-marcel

Mustafic H, Jabre P, Caussin C, Murad M. Main Air Pollutants and Myocardial Infarction. A Systematic Review and Meta-analysis. JAMA. 2012;307(7):713-721.
Noguera de Echeverry AP, Gómez Sánchez DM. Desarrollo homogéneo y segregación - Dinámicas del poder en el contexto urbano: caso macroproyecto San José de Manizales. Gestión y Ambiente. 2013; 16 (3):53-72.
Parra D, Lobelo F, Gomez LF, Rutt C, Schmid T, Brownson RC, Pratt M. Household Motor vehicle use and weight status among Colombian Adults: Are we driving our way towards obesity? Preventive Medicine. 2009;49:179-183.

Sabatini, F. La segregación social del espacio en las ciudades de América Latina. Banco Interamericano de Desarrollo. 2003.

No hay comentarios:

Publicar un comentario